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Asís G. Ayerbe: "la verdad es que me entusiasma todo"

El fotógrafo castellano inaugura su exposición 'Escritores de Ámbito', en El Corte Inglés, donde muestra su pasión por la construcción del retrato

Asís G. Ayerbe - FOTO: ELENA BLANCO
Asís G. Ayerbe - FOTO: ELENA BLANCO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ  | 12.03.2017 
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No es fácil entrevistar a Asís G. Ayerbe (Valladolid, 1978), porque lo suyo es estar en perpetuo movimiento. Va y viene sin cesar. En cosa de segundos puede desembocar en un mar de ideas, en un océano de proyectos. Lo encuentras en los trenes, en las estaciones provinciales, en el jardín botánico de Atocha, en premios numerosos, en cafés de barrio, en casas de amigos y de desconocidos, en calles cercanas y lejanas. Sólo se detiene si ve algo que debe fotografiar. Entonces Asís G. Ayerbe entra en un estado diferente de la materia, el tiempo a su lado se inflama como un pez globo, y él flota en el aire, buscando un haz de luz. Ayerbe anda por ahí capturando la luz. Es una persecución. Con el tiempo ha logrado estar al borde la ubicuidad, como quien está al borde una catarata. Ayerbe está y ya no está, lo ves y ya no lo ves, pero si ha encontrado ese momento para la gran fotografía, entonces el tiempo queda atrapado como una araña en su red.

Llega a Compostela para uno de los últimos trancos de su exposición Escritores de ámbito, que ha ido viajando por España, promovida por el Ámbito Cultural de El Corte Inglés, y ahora alcanza Galicia, y, finalmente, alcanzará Canarias. Ayerbe es el gran fotógrafo de escritores de este país. Decenas de ellos han posado para él en largas sesiones que el fotógrafo prepara al detalle, como un decorado cinematográfico. Otras veces, si la ocasión no es propicia, Ayerbe renuncia a montar una narrativa en torno al fotografiado y dispara a quemarropa hacia el autor que levemente se vuelve. En la exposición, que ha ido variando de ciudad en ciudad, y que en ningún caso puede mostrar todo su ingente trabajo con escritores, hay ejemplos de retratos variopintos: exóticos, minimalistas, artificiosos, urbanos, acuáticos, invernales, carnales, etéreos, metálicos, urgentes, reposados, principescos, ferroviarios... A veces, la idea surge como un relámpago. Otras, el propio fotografiado la alimenta en conversaciones previas. O la desbarata. Y Ayerbe se busca entonces una alternativa urgente, que también funciona.

"Es que Ayerbe es un encantador de serpientes", me dice Eduardo Riestra, editor coruñés de Ediciones del Viento, alguien que vive la literatura con una emoción incomparable, como una celebración perpetua que transmite a todo el entorno. La pasión literaria aflora en ambos, Eduardo y Asís, apenas cinco minutos después de iniciada una conversación. Fue Riestra, de hecho, quien le arrastró al mundo del retrato de escritores. "Riestra y el escritor Óscar Esquivias, buen amigo, con el que compartí infancia allá en Burgos, son los responsables de todo, sí. Yo hice mis primeras portadas para Ediciones del Viento, como aquella de Esther García Llovet, que como sabes es una mujer increíble. Gracias a ella me conoció Toni Iturbe (que acaba de ganar el Biblioteca Breve). Toni es un referente para mí, y con él acabé en Qué Leer. Es el hombre más normal del mundo, es llanísimo, y me ha influido mucho. Pero si hubiera sido amigo de un mercader atunero, haría fotos de containers. Esto lo digo mucho, porque tengo la gran frustración de no haber hecho fotografías a bordo de un buque. Un atunero, por ejemplo. Me gustaría. O un carguero. Envidio mucho a Alfonso Armada, porque él sí que lo hizo", cuenta Ayerbe.

Le digo que, para ser aún joven, ha hecho de todo. Asís G. Ayerbe es capaz de imaginar cualquier cosa que tenga que ver con la fotografía. Y no sólo con la fotografía. Le digo, amparado ya en nuestra larga confianza, que es un kamikaze del arte. "Sin embargo, tengo una cierta frustración, no creas. He hecho muchas cosas, sí, pero quiero hacer una realmente bien", sonríe. Hablamos de sus comienzos. De aquella revista que fundó, Entelequia. Ya entonces era muy inquieto. Inabarcable. Torrencial a la hora de producir ideas. Estudió ingeniería, y cree que la carrera le ha ayudado en su pasión fotográfica: "me ayudó a entender que no hay nada más importante que trabajar con libertad". No le ha importado acometer proyectos difíciles, casi imposibles. Ayerbe está permanentemente abierto a todo, y aunque a veces muestra ciertas reticencias, cierta prevención, incluso cierto susto, yo diría que es algo meramente estético.

Sobre su ya larga relación con escritores, ha generado su propia filosofía. "Yo empecé a hacerme a la idea de que todos esos escritores serían amigos míos. Los fotografías, compartes en rato con ellos... Es un error. No son tus amigos, no se trata de eso", explica. "Es cierto que con algunos llegas a intimar más, pero eso no asegura nada. La relación es otra, he aprendido a aceptarlo".

Y aquí sí tiene anécdotas que contar, la mayoría muy divertidas. "Ya sabes lo que me gusta preparar la fotografía, la cantidad de tiempo que puedo dedicar a los detalles, al escenario... Pues recuerdo que con Andrés Trapiello, por ejemplo, lo intenté, y no hubo manera. Me dijo: 'todo eso está muy bien, pero me voy a poner al lado de esa pared blanca, y con eso me haces la fotografía, y ya está..' (ríe). Pero con Frederick Forsyth la cosa fue todavía más rotunda (vuelve a reír).Ya sabes como es Forsyth, que juega en otra liga, digamos, en cuestión de promoción, publicidad, y así. Una vez arañé unos segundos con él, me colé en lo suyo, que no era fácil. Estábamos en Madrid. Le dije que tenía una idea, que me tenía que mirar como Chacal, señalándome y tal, y que yo entonces colocaría el flash y su sombra se proyectaría... En fin. Allí estaba yo con mi bendita inocencia. Él me miraba muy serio. Y cuando acabé mi perorata me sigue mirando y me dice: "You need an actor". (Más risa aún). Me dice, muy serio siempre, que él es un escritor, que no es un actor. Y entonces se gira y se va. Y allí me ves, corriendo detrás de él, implorándole que no se fuera, por favor, por favor, por favor, y en este plan. Sólo en el último segundo se dio la vuelta, no sé, un milagro sería, y pude hacerle unos cuantos disparos. Atiné a decir: 'gracias, Mr. Forsyth, ya se puede ir..." Ayerbe cuenta las cosas de una manera muy divertida. Se ríe sin parar, no le importa desnudar su intentos fallidos. En el fondo sabe que hay que lidiar con vanidades y desencuentros, esas son las normas.

Ayerbe regresa de vez en cuando a su idea primigenia: "hay que intentar ser feliz con lo que haces. Yo creo que lo sería en casi cualquier circunstancia... Pero la ingeniería me alertó de que necesitaba la libertad del creador. Por eso me he dedicado a otra cosa. La libertad es mi única premisa profesional. Creo en los ideales. Como se dice en Carlitos' Way, no es que perdamos ideales con el paso del tiempo. Lo que perdemos es fuerza". A pesar de ser aún joven, la trayectoria de Ayerbe no puede apretarse en una sola página. Creador de revistas (muy implicado, ahora, en Librújula, y durante mucho tiempo en Qué leer), editor, radiofonista (hace la foto anécdota en un programa cultural), y, desde luego, fotógrafo por encima de todas las cosas, Ayerbe está encantado de moverse con el oleaje de la cultura, en el imprevisible océano de los días.

De pronto se acuerda de aquel hermoso libro que editó junto a su amigo Esquivias, Calle Vitoria, que contenía un desplegable de ocho metros de longitud. "Fue un poco bombazo, pero si hubiera sido un libro hecho con fotografías de Manhattan, o de París, y editado en Nueva York, por ejemplo, las cosas hubieran sido un poco distintas... Y yo, ya ves, pensaba en ediciones y reediciones..." Este tipo de acciones fulgurantes, plenas de libertad, arriesgadas, nadie puede dudarlo, están en el ADN de Asís G. Ayerbe: "es que a mí me entusiasma todo", reconoce. Hablamos de muchas cosas, dos horas largas, quizás tres.. Hablamos de su viaje a Panamá, de su viaje a través de la selva, de su afición por intercambiar casas con otros (como con Alfonso Zapico), de su pasión finlandesa, por ejemplo... Del escritor Kyell Westö... "Vino a Madrid, y allí, con mi pasión por lo finlandés le dije dónde quería hacer la fotografía: 'en el Bernabeu', me dijo. (Risas). Ya ves, es que nunca sabes... Quizás mi vida hubiera sido otra si hubiera fotografiado futbolistas. O gente que se dedica al curling. Westö se hizo después muy amigo mío, es un tipo excelente. Lo visité en Finlandia, hicimos fotos allí. Este tipo de cosas es lo mejor que me ha traído la fotografía".

Y concluye: "los escritores no son como los actores o como los cantantes: tienen, sin embargo, el punto exacto de vanidad, no excesiva, como para que sean interesantes. Y a veces, divertidos".