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Arturo Álvarez: cuerpos de luz

FÁTIMA OTERO. CRÍTICA DE ARTE   | 02.07.2017 
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La compostelana galería Luisa Pita, dedica una individual a uno de los artistas de su espacio. Arturo Álvarez(Pontevedra,1964) además de diseñador, junto al joven creador que también está triunfando en el exterior, Tomás Alonso, están considerados los mejores, después de Isaac Díaz Pardo, en el mundo del diseño made in Galicia.

En esta muestra sorprende con sus torsos de luz. Cuerpos que nos reciben ya en el escaparate en la instalación "Agora". Una exhortación ideológica al diálogo, a la comunicación, a la función comunicativa y sentimental, al diálogo con el prójimo. Agora, equivale a ahora mismo, a un momento en el que cuanto más interconectados estamos más solos nos sentimos.

El grupo tiene sus variantes. Aquí se nos aparecen enfrentadas a sí mismas, ante la tesitura de un individualismo extremo, pero también en relación con su entorno. Figuras vivas que irradian luz, fuerza interior, como haces de luz brillante que se expanden hacia el exterior. Transmiten conocimiento, luz, pensamiento. Por el contrario, se eclipsa en las zonas donde la oscuridad se impone y surgen nuestros miedos, la parte más oculta del ser. Son figuras encerradas en sí, pero por otro lado apiñadas en grupo, viviendo en comunidad, en compromiso con los demás, como el propio autor con el sentido social del arte.

El conjunto trasluce la fragilidad humana a través de figuras en suspensión. Personajes frágiles y etéreos cuya vida pende de un mero hilo, que se puede quebrantar en el instante en que la parca decida interrumpir. Ahora y aquí están ellos, solos o en compañía luchando con toda su energía por sobrevivir en un mundo tan competitivo. Lo hacen en toda su soledad, véanse las figuras del patio o en diferentes composiciones como el grupo "Encontros" metáfora de un encuentro habitual entre un grupo de semejantes. Vuelven a reiterar así el sentimiento social del hombre, por extensión del arte, al que Arturo Álvarez aspira.

Todas estas figuras por ser genéricas y sin rasgos provocan cierta inquietud, inestabilidad, pero también fascinación, un tanto ambiguas, a punto de ser almas en su espiritualidad. Un juego de ausencias y presencias que el espectador puede hacer y deshacer según estime oportuno. Cuerpos envueltos en una especie de sudarios (en este caso) pero a diferencia de Boecklin son envoltorios impregnados de luz, que parecen pertenecer a un plano superior . La hipertrofia de cuellos y alargamientos corporales remiten al manierismo y no menos a figuras del arte contemporáneo como las creaciones conceptuales de Tony Cragg o las figuras a punto de disolverse de Giacometti.

La instalación "Conversas" en la pared está realizada con malla metálica moldeada y es sumamente sugerente. Una metonimia del hombre del que queda a penas su espíritu descarnado. Una colección de rostros que intentan entablar diálogo unos con otros. Un dispositivo pendular provoca un vaivén juego seductor de acercamiento y rechazo, en muchas ocasiones de querer y no poder. A través de un juego de luces y sombras se crea un movimiento que acerca los dos rostros, aludiendo a esa necesidad del ser humano de comunicarse con el otro y de ser escuchado. Porque Arturo valora las relaciones interpersonales para avanzar como hombres.

Sus diseños luminarios fueron dando paso a la forma corporal porque poco a poco, se convirtieron en evocadores torsos, siempre creados con materiales dúctiles y maleables. Hoy aquellos torsos "Cors", que aludían a sofisticados cuerpos femeninos con espléndidas curvas impregnadas de misterio, se convierten en figuras plenas pero tan etéreas y alargadas que se vuelven espirituales.

En esta muestra nos enseña al hombre, pero nos podría mostrar, como ya hizo en el MAC de A Coruña, alguna de sus Geas. Porque es un artista que vive en el campo rodeado de vegetación. Hojas, ramas, conchas que encuentra en sus paseos por la naturaleza o las formas que ve en las nubes o en la contemplación y tacto del verde musgo de la montaña son el origen de muchas de sus luminarias, un mercado en el que ha entrado y es reconocido a nivel internacional.

Sus lámparas hoy están presentes en el mundo entero. Sus diseños han salido en películas, decoran hoteles de prestigio mundial y están en espacios tan significativos como la Ciudad da Cultura. Sus lámparas "Africa" son un exuberante homenaje a aquel continente pero también a nuestras campanillas del bosque. El interior de la cafetería que César Coll ha diseñado en nuestra querida Alameda compostelana, en este caso "Arc", lo forman dos arcos que se entrecruzan, otro guiño, pero en este caso, a nuestros pétreos soportales del casco antiguo.

En su largo periplo como creador, casi más de veinte años, podemos percibir el famoso "Cántico de las criaturas", dedicado por San Francisco de Asís al viento, al aire, a las nubes, al cielo y a las criaturas de este mundo. Porque Arturo traduce el mundo orgánico y las fuerzas vivas de la naturaleza a lugares de luz. Sus diseños y piezas de arte son universales; hablan de lo local, del espíritu del lugar de donde salen, de los alrededores de Vedra. Desde su atalaya, casa taller, conquista el mundo con sus luminarias ahora convertidas en cuerpos físicos que brillan con su propia luz. Ese fuego que todos llevamos dentro y que conviene avivar para que en los tiempos que corren no terminen por apagarlo. Entre todos debemos evitarlo.