El Correo Gallego

Tendencias » El Correo 2

Tribuna libre

Los árboles: éxtasis temprano

ÁNGEL NÚÑEZ SOBRINO  | 23.10.2016 
A- A+

La infancia de cada cual está conectada al mundo de los árboles. Árboles de parque si es en la ciudad y árboles de monte y bosque si es en la aldea; y árboles en vida mixta: ciudad y aldea reunidas, como me sucedió a mí. Los recuerdos suelen acompañarse de color verde, de bosques y paisajes y parajes, de jardín y prado, y plantas y arbustos, y una conexión amable y sutil durante la experimentación directa que ofrece el paisaje.

Delirio y delicia provocan los árboles frutales. Aparte del elemento cromático, desde la presencia de cada fruta aparece la variedad suprema: los "momentos plenos" de la granada, la nuez, el higo, la ciruela...El Barroco se fijó mucho en los frutos y les dedicó un simbolismo. Este aspecto se puede ver en los óleos de Josefa de Óbidos y en la pintura española del XVII. ¿Cuál es la atracción suprema de los árboles frutales? El ir viendo como va surgiendo la fruta y la satisfacción que produce saborearla en directo, y convertirla después en compota ó repostería. Y la naturaleza pasa así de ser contemplación y transformación a ser degustación, suprema sensualidad y deleite en el paladar. En la producción de la fruta se goza de la acción positiva que supuso su cuidado y entrega.

 


LA ACCIÓN DISTRIBUIDORA. La acción distribuidora atiende al espacio establecido especialmente como terreno de árboles: y en lo estricto es añadir algo que antes allí no existía, y aportar belleza y productividad. Pero la realidad también se presenta como sustracción, destrucción y privación: es un hecho visto por mí a lo largo de décadas que los paisanos no valoran los árboles ornamentales, los árboles no productivos. ¿Porqué esta actitud?. Hay varios motivos: están acostumbrados a trabajar sólo con elementos útiles, hacia lo productivo, y sólo con lo que aporte estricto beneficio. Esto en principio puede ser legítimo o coherente; lo malo es que así y ahí se quedan. No van más allá -desde la admisión, la comprensión, la generosidad o la curiosidad- hacia nada más que no sea lo estricto y necesario. Otro motivo también puede ser el hábito en repetición animal y cómoda siempre de lo mismo y su funcionamiento inmediato. Pero también se da otro motivo que sí es interesante antropológicamente: les da vergüenza a algunos que se les note que tienen sensibilidad, porque no se valora en la aldea gallega, y también por si algo inconveniente o delatador pudiera surgir de ella, (risitas), y en su temor y cobardía la ocultan en la práctica, y cuando más necesario es siguen las convenciones de lo vulgar y práctico sin mérito. Y si con ello tiene que sacrificar un hermoso roble o las ramas de un frondoso magnolio, entonces esa conducta negativa es ejercitada con la mayor eficacia. He aquí una muestra de sensualidad primaria en craso materialismo e impregnada de prejuicios. He visto con repetición estas escenas rurales. Y el árbol se quiebra como señalización del tiempo.

Y en otro plano distinto pero de alguna manera conectado: siglos o décadas de paisaje, trabajo, esfuerzo, sudor, e ilusiones y proyectos quedan convertidos en tierra desolada, devastada, hecha negro de muerte y miseria moral. Sobre la tierra negra y yerma se extiende el cómplice y culpable silencio.

 


EL TATUAJE DE LA ALEGRÍA. Publiqué yo hace años "Datos para una antropología de la juventud rural gallega" (1978/1983), tema que le interesó muchísimo a Ramón Piñeiro en su famosa mesa camilla. Los temas que desarrollé siguen siendo plenamente actuales y urgentes Me centraba sobre todo en el/la joven por naturaleza interesante, entusiasta y sensible, ajeno a las convenciones e intereses materialistas, banales, e incondicional, hacia la Naturaleza y la Cultura como polarización primera. Precisamente he visto un árbol tatuado en la muñeca de un joven rural. Este detalle posee un extraordinario interés antropológico por lo que delata: ¿qué significa este árbol en tatuaje?. Sencillamente la fidelidad y la emoción hacia la tierra nativa, la narración y la discusión lírica desde el recuerdo; vivencia; fundamental en la adolescencia, y perdurable; y un homenaje fijado en tinta y sangre a los encendidos espacios amados, aquellos espacios donde esa vida transcurrió con felicidad, auge y esplendor. Los árboles -robles y castaños- que aún subsisten junto a Ponte Nova sobre el río Vilacoba y al lado de rocas y tablas para tirarse, son aún el escenario y el jolgorio como homenaje al árbol que pobló veranos y años de entusiasmo, vida y camaradería. Y cerca la iglesias de Lesende, verdadero lugar de lo sagrado tal como lo explica Eugenio Trias en "La era del espíritu": aguanta el tiempo de siglos en silencio y emanación. Lección suprema es esta fiesta en verde de alguien que decidió el árbol como su emblema e icono particular, y apréndanla todos aquellos paisanos que destruyen árboles.

(*) El autor es escritor