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VIAJANDO

Amarante: saber y el mejor sabor

SANTI RIVEIRO   | 21.01.2018 
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Tradición de sabores, cultura de saberes. Así se presenta Amarante, localidad del interior próxima a Porto, en la Región Norte de Portugal. Obligado lugar de paso en el tránsito entre Trás-os-Montes y el litoral luso, esta urbe de poco más de once mil habitantes asemeja un anfiteatro cruzado por el río Támega, resguardada por la Serra do Marão y la Serra da Aboboreira. Como municipio, en sus trescientos kilómetros cuadrados y veintiséis freguesías, Amarante ofrece todo un mundo por descubrir, tanto a nivel histórico, como cultural, su naturaleza y, como no podía ser de otra forma, su pantagruélica gastronomía, en especial sus pasteles. No hay que pasar por alto otro hecho: el patrón de la villa es el San Valentín luso, São Gonçalo. De ahí las muchas visiones fálicas que se le ofrecen para encontrar el amor verdadero, o los higos secos benditos que apelan a un nuevo año fecundo y favorable. En todos los sentidos.

En una visita organizada por Turismo do Porto e Norte de Portugal para periodistas y blogueros y blogueras, tocaba conocer esta villa dentro de su programa Fins de Semana Gastronómicos. Doscientos cincuenta kilómetros separan a Santiago de Compostela y Amarante, poco más de dos horas y media que, a través de autopistas de peaje (AP9, A3) en su mayoría, nos ponen por poco más de veinte euros más el gasto en carburante en esta pequeña maravilla por descubrir en el Distrito do Porto. A llegar toca bajar hasta las orillas del Támega, pasando por la multitud de viñedos que rodean la localidad, promesa de los buenos vinhos verdes que se podrán degustar.

Aparcar al lado de la Cámara municipal, junto al río, que es donde se celebran las ferias, da acceso directo a tres puntos de obligada visita: el Museo Municipal Amadeo de Souza-Cardoso, el monasterio de São Gonçalo y el puente románico que también lleva el nombre del beato, restaurado y por el que transitan vehículos. En el museo se pueden contemplar colecciones permanentes como la del conocido pintor que le da nombre, precursor del modernismo portugués, del que el próximo 25 de octubre se cumplirá el centenario de su muerte. Hay expuestas obras de más artistas y también se recoge parte de las leyendas de Amarante, como prueban las estatuas de la Diabla y el Diablo. Se exponen, además, los interesantes trabajos presentados al 11º Grande-Prémio Amadeo de Souza-Cardoso.

En la sala dedicada a este creador, el presidente de la Cámara Municipal de Amarante, José Luís Gaspar Jorge, desgranó las maravillas de su territorio, cada vez más próximo por la mejora de las comunicaciones tanto a Lisboa como a Galicia. Recordó a otros insignes amarantinos, como el escritor y poeta Teixeira de Pascoaes -cuya estatua de bronce esta sentada en el cercano Café São Gonçalo-, la escritora Agustina Bessa Luís y otros pintores como António Carneiro. En deportes Amarante presume de António Pinto, corredor olímpico de maratón, o los fubolistas Nuno Gomes y el ex madridista Ricardo Carvalho.

Toco pasar a la vecina iglesia de São Gonçalo, pues el museo ocupa uno de los claustros del convento, en plena celebración del día del beato. El templo data de 1620 y en su interior deslumbra el altar barroco dorado y un órgano sostenido por unos gigantes con cola de pescado. También está la tumba de Gonçalo en una pequeña capilla. Las personas que vienen en busca de pareja verán su deseo concedido en un año si tocan la estatua que hay justo encima, cuenta la leyenda.

Después llegó la parte más dulce del viaje. Multitud son las pastelerías en la villa que deben mucho al buen hacer repostero de las clarisas con las yemas de huevo, popularizado por los vecinos con la expulsión de las monjas. La Confeitaria da Ponte, que data de 1930, es la más antigua de Amarante. En ella tuvimos la oportunidad de ver el proceso de elaboración de las especialidades locales: los Papos de Anjo, las Brisas do Támega, los São Gonçalo, las Lérias o los Foguetes. Lo mejor, catarlos acompañados de un fresco vinho verde amarantino. Después, en el antiguo Monasterio de Santa Clara, actual Biblioteca Municipal Albano Sardoeira, se pudo asistir a una representación sobre los dulces conventuales y sus secretos. Y algo que sorprende sin duda al visitante son los bolhos de amor o caralhinhos de São Gonçalo o directamente colhoes, una denominación muy gráfica de panes y dulces con forma fálica que compiten en tamaño y que, según la tradición, regalaban los galanes a sus amadas y que se vinculan al poder de fecundidad del santo, que a pesar de la gran devoción que despierta lo cierto es que no ha pasado de beato.

Para el fin de fiesta, el lugar elegido fue el restaurante Taberna do Coelho, donde los alumnos de la Escola Profissional de Amarante de Hotelaria e Turismo dramatizaron -con aparición de São Gonçalo incluida- una estupenda cena donde un espectacular cabrito al horno fue el plato principal, tras pasar por entrantes de la talla de las tablas de embutidos, jamón serrano y quesos de la región, así como salgadinhos, bolas de carne, rissóis, bolinhos de bacalhau, croquetas, chorizo asado... todo regado con los más frescos, norteños y altos vinhos verdes, incluso con un albariño de la zona. Y de nuevo los dulces... ¡ay, los dulces!

LO ESENCIAL

Qué visitar

En Amarante hay que transitar por el Puente de São Gonçalo, que nos lleva a la iglesia y el monasterio consagrados al mismo beato, el Museo Amadeo de Souza-Cardoso; las iglesias de São Domingos y São Pedro, y el Solar dos Magalhães, en ruinas desde 1809, incendiado por las tropas francesas.

 

Dónde hospedarse

El Hotel Navarras -en obras- y el Hostel des Arts fueron las dos bases para esta visita gastronómica, los dos recomendables.

 

¡A comer!

Cabrito, bacalao... y los dulces conventuales.