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apuntes

El tiempo imperdonable

BEGOÑA PEÑAMARÍA   | 05.06.2016 
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En marzo de 2007, un pequeño de siete años que jugaba con una caja de cartón en la localidad de Vecindario, en Las Palmas de Gran Canaria, desapareció... Esa misma tarde, todos sus vecinos, amigos y familiares, se dispusieron a buscarlo... Para facilitar la búsqueda, su tío realizó unos carteles en los que, presa de los nervios, escribió de forma incorrecta el nombre de su sobrino, poniendo Yeremi en lugar de Jeremy... El padre del niño, amante de los nombres ingleses y posiblemente influenciado por algún actor de Hollywood que había alcanzado la gloria, seguramente trató de extrapolar mediante la utilización del mismo nombre una parte del éxito de la estrella americana a su hijo... Él, como les sucede a casi todos los progenitores que, por ejemplo, se pasan las tardes "chupando" banquillo mientras sus vástagos aporrean con mayor o menor suerte el esférico; a buen seguro y en lo más profundo de sus sueños, deseaba que su hijo pasara a la historia... Lo que seguramente no podía imaginar ni en la más terrible de sus pesadillas era que este lo iba a lograr del modo en que lo hizo: encabezando, junto con otros muchos niños y niñas, la historia más negra de España.

 


El tiempo pasó, pero la habitación de Jeremy sigue exactamente igual que cuando salió de casa por última vez. En su cama intacta, con toda probabilidad, no ha dejado de llover llanto de Ithaisa, su madre, ni un solo día... Porque esa mujer de aspecto frágil se propuso convertirse en heroína para así poder parar el tiempo en favor de su hijo...En favor de los dos... Sin reparar en que a este no hay quien lo pare...

Para la familia Vargas, estos nueve años de ausencia han estado regados de miles de instantes de inmensa pena, desesperación, alguna alegría y hasta falsas esperanzas... Porque, por si vivir sin vivir no fuera poco dolor, un desalmado llevó a cabo la idea de telefonear a la familia de Jeremy para mofarse de ellos... Y lo localizaron con nombre y apellido..., pero en este país en el que no impera precisamente la justicia ni triunfa la nobleza de espíritu, el verdugo fue condenado a percibir una indemnización por parte de esta pobre gente, ya que las autoridades pertinentes consideraron que había sido una gran afrenta al "honor" de este personaje el hecho de que los Vargas hubieran hecho público su nombre a través de las redes sociales...

Ahora, de pronto, el caso que nunca se cerró del todo gracias a los servicios de Protección Civil, a la Policía y a la Guardia Civil, vuelve a reabrirse porque parece que un individuo llamado Antonio Ojeda -hombre de aspecto indigente, padre de un sinfín de criaturas, amigo de las peleas en los bares, con antecedentes por abusos sexuales a menores y que entraba y salía de la cárcel como "Perico por su casa"-; es el presunto asesino de Jeremy...

 


Parece ser que hay varias pruebas que lo inculpan y que el hombre en cuestión fue uno de los primeros que, en su día, se acercaron a las dependencias policiales para decir que había sido testigo de cómo se llevaban al pequeño... Yo no sé si esta persona es culpable o inocente, pero espero que sirva como pieza clave para resolver esta tortura que, a buen seguro, ya no tendrá final feliz... Ninguna familia merece continuar viviendo sin vivir más tiempo... Es necesario cerrar todas y cada una de las historias de desapariciones... Aunque el resultado final sea dramático pero, sobre todo, hay que apelar a las autoridades pertinentes para que sean extremadamente duras con esta clase de individuos que arrebatan vidas a placer... Y no solo hablo de aquellas que pertenecen a quienes se cruzan en sus caminos de depravación, sino también a las que están en posesión de los que paran el tiempo con el fin de aguardarlos para siempre.

Si la justicia no actúa con contundencia respecto a estos individuos, sin quererlo, está provocando reacciones muy peligrosas por parte de aquellos que no tienen nada que perder y que deciden ejercer de juez y parte... Nadie les devolverá jamás el tiempo perdido, ni los abrazos robados, ni las palabras borrosas... Nadie les quitará el mal recuerdo que fluye del tiempo esperando tiempo y de la vida consumida..., pero al menos, que las familias desgarradas puedan enterrar psicológicamente a sus hijos y mirar hacia delante sabiendo que los culpables de sus pérdidas están encerrados bajo siete llaves y que el único permiso del que gozarán, será para ir al cuarto de baño.

(*) La autora es

diseñadora