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Eduardo Sacheri: la gran novela del corralito

El autor argentino gana el premio Alfaguara con 'La noche de la Usina', una historia de gente corriente que se rebela contra los abusos de los poderosos

Radio Obradoiro

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Entrevista, por José Miguel Giráldez

Eduardo Sacheri, escritor

TEXTO JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ   | 05.06.2016 
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EDUARDO Sacheri es un escritor sobradamente conocido como para atreverse a preguntarle por la pronunciación de su apellido, italiano por más señas. Pero lo hago. "¿Saqueri, Sacheri, Sasheri...?" Se ríe levemente, a pesar de que se ampara en una timidez que tal vez sólo veo yo. Al principio parece serio, Sacheri. "Está muy bien como dices, Saqueri, pero allí le dicen Sasheri, y ya está", replica, corroborando elegantemente mi confusa fonética. Allí es Argentina, aunque parte de sus antepasados son de A Guarda. "Digamos Sasheri", acepto. Aunque sé que no voy a ser capaz de mantener la promesa. Está cansado, acaba de bajar de un avión. No viene directamente de Buenos Aires, pero viene de Madrid, de recoger el Premio Alfaguara de Novela. Eso te mete en una nube, seguro. Te hace flotar. Pero Sacheri, Saqueri, Sasheri, tiene ya muchas millas recorridas en su literatura. Un día fue a Hollywood con la versión cinematográfica de El secreto de sus ojos, que había hecho con Campanella, y ganaron el Oscar a la mejor película extranjera. Esto fue en 2010. Ahí fue cuando empezó a salir Sacheri. Al extranjero, y eso. Ahí se fue quedando el historiador, el profesor, y empezó a brotar el escritor irremediable. Se fue alargando Sacheri. Y ahora, el Alfaguara.

 

A mi lado está Mercedes Corbillón, de la librería compostelana de Cronopios. Hacemos presentaciones de libros, viene a mi programa de Radio Obradoiro (El sábado libro), siempre con la mejor de las sonrisas. Los de Alfaguara la llamaron para ser jurado de este premio. Y allá fue. Me dice que en seguida vio que esta novela argentina tenía empaque y belleza. Y mucho humor. Así que en este despacho que mantengo algo desbaratado en A Coruña, al que el gran Javier Pintor (coordinador de esos ciclos literarios imprescindibles del Centro de Formación e Recursos) me acaba de acercar, con su generosidad infinita, al recién aterrizado Sacheri, o Saqueri, o Sasheri, tengo a jurado y premiado, frente a frente, lo cual no me había pasado nunca antes. Y los dos hablan, porque en realidad nos entrevistamos un poco los unos a los otros, en un círculo perfecto.

La novela, que no lo hemos dicho, se llama La noche de la Usina. No se sabía muy bien lo que era la Usina, pero Sacheri lo explicó. "Está muy claro en la novela. En mi país, eso, es la Usina". Y eso es un gran transformador eléctrico, una instalación industrial, muy importante en la trama final. No voy a contar la trama, ya aviso. Porque hay mucho de suspense. Claro que no es una novela de este tipo, es bastante más que eso. Pero la Usina no sólo es aquí la central eléctrica transformadora, es también un secreto. Un misterio. La noche de la Usina es como la gran leyenda, el gran mito del lugar. Una noche rara, loca, inexplicable y quizás necesaria. Y así lo trae Sacheri a la novela. Vayan aprendiendo Usina: háganse con el término.

 

- Lo de Hollywood, claro, supuso la internacionalización de Eduardo Sacheri. Ya sabemos lo que tiran las películas.

- El secreto de sus ojos fue mi primera novela... Campanella y yo lo convertimos en un guión. Y sin duda todo esto abrió las puertas a mis libros. En América Latina, en España, y a través de las traducciones en otros muchos sitios. Está claro que sin la película no iban a venir de Tailandia o de Arabia Saudí a interesarse por la novela... No hubiera ocurrido.

- Así que crees a pies juntillas en las versiones cinematográficas.

- Bueno, es que a mí me permitieron participar en el guión, y eso lo cambia todo. Yo creo que hay un miedo justificado en aquellos que ceden los derechos, pero que se quedan sin capacidad para construir el guión.

A pesar de ese éxito, y de lo que le debe a la película de Campanella, creo que no hemos perdido a un novelista, que no se ha pasado al cine para siempre. No, el novelista está ahí. No hay más que leer este libro.

Mercedes Corbillón dice que La noche de la Usina es muy cinematográfica. Lo es. Podría ser una película. "Tiene unos diálogos excepcionales, se leen como agua", apunta. Y también hay, claro, un gran homenaje al cine en todas estas páginas.

- Tú eres historiador. Pero llevas mucho tiempo escribiendo, tienes ya una larga y muy reconocida trayectoria.

- Empecé tarde a escribir. Tengo ahora 48... (hace un instante le llamé joven y dijo, entre risas, que había que revisarlo). Empecé a los 25. Tarde, creo. Es verdad que nunca es tarde, de acuerdo, pero no soy alguien precoz de estos que ya en la adolescencia despuntan. Empecé escribiendo relatos cortos... a ver qué pasaba. Bueno, tuve suerte y algunos de esos cuentos, que hablaban de fútbol, comenzaron a ser difundidos por una radio de Buenos Aires muy importante. Así que cumplí ese sueño raro de tener un reconocimiento antes de ser editado incluso... Eso me vino muy bien. Fueron dos impulsos, el de la radio primero, y el del cine después, los que me permitieron avanzar en esta carrera. - Los personajes de esta novela son tan grandes, tan perfectos, y los diálogos son tan maravillosos y naturales, que yo creo que son ellos, sus vidas, pequeñas pero grandes, las que construyen la novela. La anécdota final podría ocupar cuarenta páginas. Hay mucho más en la novela: están las vidas de Perlassi (que fue futbolista de joven) y las de todos los que están próximos a él.

- Me alegra que lo noten. (Ríe) De tanto trabajo que uno se toma... Lo que más trabajo da es construir personas. No muñecos al servicio de un argumento. Y sobre todo, no ponernos en actitud siglo XIX, dedicando cinco páginas a describir y explicar un personaje. Que hablen de su pequeñez y de su hondura es importante. Dio mucho trabajo, porque es fácil caer en la solemnidad.

- Ese pequeño pueblo, O'Connor, es el latido del país. Toda la historia reciente de Argentina retumba ahí. Y los personajes se rebelan contra la inmensa injusticia.

- Intentan rebelarse. Sobre todo a partir del momento en el que son víctimas del corralito, aquello de no poder sacar dinero del banco, y también de la devaluación, que fue mucho peor, mucho más atroz en mi país. Ellos se ponen en movimiento desde su pequeñez y su imperfección. Dicen: "hasta aquí hemos llegado, no nos van a humillar más".

- Y por eso son capaces de hacer lo que hacen. Tampoco reconocen al hombre que las va a causar todo el daño. Y eso que se lo cruzan a la puerta del banco...

- Pasa en la vida. Una simple sombra que no advertimos, luego se convierte en algo terrible.

 

Dice Mercedes Corbillón, recordando el día en que telefonearon a Sacheri para contarle que había ganado el premio Alfaguara: "Te llamamos y nos dijiste que la vida es perder".

- Vivimos perdiendo cosas. Tenemos efímeros triunfos, felicidades minúsculas. Vivimos anhelando, pensando en lo que perdimos... No llamaría, sin embargo, perdedores a estos personajes: son gente pequeña, como somos todos. Sabemos que ninguno somos ahí... la gran cosa. La ventaja que tienen estos hombres es que lo saben, a diferencia de otros.

En la novela, sin embargo, se dibuja una pérdida, quizás la de la inocencia. La estafa local, que es el reflejo de la gran estafa, la que explica la historia de aquellos años. Y cómo los personajes deciden vengarse, o, al menos, recuperar lo que les fue arrebatado. Deciden no soportar el dictado de los hechos consumados. Y por eso montan la noche de la Usina. El accidente de uno de los personajes, narrado como quizás nunca se ha narrado un accidente de tráfico, resulta uno de los momentos más brillantes.

- El accidente refleja lo que uno mismo siente cuando maneja un auto... Es lo que piensas cuando lo haces, por pistas peligrosas, en mal estado, etc... Y piensas que te cruzas con otras vidas... y de pronto, intuyes que alguna de esas vidas podría no seguir, podría detenerse allí para siempre, en la propia carretera.

- Hay como un boom argentino otra vez. O me lo parece. Me pregunto si pesa toda esa enorme tradición. Y yo creo que Sacheri está a la altura de los grandes dentro de esa tradición.

- Bueno, yo no lo creo (risas). Pero cualquiera que lea en Argentina se va a topar muy rápido con Borges, con Cortázar, con Quiroga, con Soriano, con Sábato... y sí todo eso es mucho, todo lo que nos han dejado en la cabeza... Que no se hagan cargo de lo que yo escribo, por favor. Pero sí de lo que yo leo.

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