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El sanatorio de las plantas está en Lamas de Abade

Junto con Vigo y Ourense, Santiago es una de las pocas ciudades gallegas que tiene semillero propio // Desde que el servicio de jardinería se privatizó, ha ido cayendo en desuso // Reconvertido en una especie de trastero municipal, en el recinto hay zonas para el cultivo y la recuperación de árboles

José Luis Míguez, responsable del vivero municipal de Lamas de Abade - FOTO: Antonio Hernández
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José Luis Míguez, responsable del vivero municipal de Lamas de Abade - FOTO: Antonio Hernández

ELVA OTERO. SANTIAGO  | 13.01.2017 
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Es uno de tantos tesoros venidos a menos por la crisis. Muchos vecinos de Compostela ni siquiera saben que existe. En Lamas de Abade, justo al lado del centro escolar, se encuentra el vivero de plantas, una finca municipal que fue cayendo en desuso desde que se privatizó el servicio de jardinería hace ya dos décadas. Ahí van a parar los árboles que, castigados por la mala vida en la ciudad, necesitan una cura. También se cultiva alguna especie, aunque Cespa -la empresa concesionaria- se encarga de comprar la mayor parte. Bajo un toldo, empiezan a asomar unas cuantas docenas de violas, pensamientos, anthurium y prímulas. En primavera será el turno de las impatiens o las begonias y la foto tendrá más color.

“Antes todas as plantas dos parques de Santiago se cultivaban aquí”, recuerda José Luis Míguez, responsable del vivero. Funcionario municipal desde hace 30 años, es uno de los dos operarios que mantiene el servicio en pie. A veces les echa una mano una tercera persona. “Hai xa moito tempo que non repoñen prazas. En todo o Concello quedamos uns dez”, lamenta. Salvo un breve paréntesis en el entorno del Auditorio, el grueso de su carrera ha estado vinculado a esta parcela. Testigo de la eclosión de espacios verdes en Compostela, ha visto cómo aquel ritmo de producción frenético para cuidar los parques se ha ido desinflando mientras su gestión se privatizaba. “Houbo épocas nas que ata un cento de persoas (entre funcionarios e contratados) traballaban arreo nos xardíns”, recuerda.

Raxoi adquiría el pazo de Lamas de Abade a finales de los años 60. No tardaría mucho en convertir la huerta de 25.000 m² en vivero municipal. Con sus más y sus menos, al terreno se le encontró un uso, pero la casona de piedra y la capilla que lo coronan no corrieron tanta suerte. Con cargo a talleres de empleo convocados antes de la crisis, se hicieron retoques puntuales para reparar tejados y estructuras maltrechas. Al margen de actuaciones para evitar que se cayera a pedazos, no hubo nada más y los inmuebles siguen a la espera de un proyecto integral. Junto con Vigo y Ourense, Santiago es una de las pocas ciudades gallegas que posee semillero propio.

La superficie para cultivo se fue recortando y los trastos empezaron a invadir peligrosamente el espacio. Enseres inservibles o sin uso definido y cabinas de obra que perdieron sentido una vez ejecutado el proyecto, se amontonan en los rincones de esa finca que hace las veces de cajón de sastre municipal. De aquellos planes que se barajaron en legislaturas anteriores para organizar visitas guiadas tampoco se ha vuelto a saber nada. “Aquí só veñen os nenos do colexio do lado”, bromea José Luis Míguez.

Antonio Hernández
Plantas en la zona de recuperación del vivero
FOTO: Antonio Hernández

ATROPELLOS Y VANDALISMO
Mientras el vivero espera tiempos mejores, José Luis y su compañero se afanan en cuidar con mimo los árboles que van llegando en busca de terapia. “O 90% consigue recuperarse”, cuenta mientras señala un naranjo malherido de reciente ingreso. Padece dos de las plagas más frecuentes -pulgón y cochinilla- y confía en que sobreviva. “Santiago é un bo sitio para as plantas. En calquera parque están ben. O certo é que son dignos de ver. Aquí non hai tanta contaminación como en Madrid”, presume. “O malo son as obras”, continúa. Las constructoras no suelen actuar con demasiado tacto a la hora de extraer especies que, a causa de un proyecto, están condenadas a mudarse. Pero antes tienen que pasar por Lamas de Abade para reponerse.

Al recinto también van a parar muchas víctimas de atropellos o vandalismo. “Cando están a pé de rúa, as árbores levan moitos golpes de coches e, ás veces, acaban morrendo”, prosigue José Luis. En ocasiones ni siquiera el tratamiento que aplica el personal municipal resulta suficiente. Cuando están en condiciones de abandonar el recinto, se utilizan para repoblar las zonas verdes del Concello.

El vivero se encarga también de adoptar los árboles de Navidad que los vecinos desechan cuando finalizan las fiestas. Por ahora no ha llegado ninguno. “Nos últimos anos case non traen ningún. A xente prefire comprar un de plástico”, comenta. En el jardín todavía queda algún ejemplo de años anteriores. Entre los camelios asoma un abeto de grandes dimensiones que consiguió superar los excesos de Papá Noel. “Seguramente o trataron ben, aínda que non é o común. A calefacción failles moito dano e fáltalles rego”, explica. Cuando llegan con poca raíz, ya no hay salvación posible.