El Correo Gallego

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EDITORIAL

Triple dilema de Rajoy con las pensiones

14.03.2018 
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SE EQUIVOCARÁ de medio a medio Mariano Rajoy si hoy sube al estrado del hemiciclo del Congreso aferrado a su mantra de que "si no hay dinero (para subir las pensiones), no se puede tomar el pelo". Se equivocará porque, lejos de transmitir una imagen de gobernante razonable y pragmático, los ciudadanos percibirán en él inmovilismo y nula capacidad para encontrar soluciones imaginativas a un problema que incendia las calles, tomadas por miles de pensionistas indignados semana sí, semana también. Con España entera pendiente de su comparecencia, al presidente del Gobierno se le abre un escenario triple: puede anunciar in extremis una subida de los subsidios por encima del raquítico y palmariamente insuficiente 0,25 %, puede intentar despolitizar las pensiones devolviendo el debate al Pacto de Toledo, o puede instar a que el sanedrín de partidos, patronal y sindicatos, estudie fórmulas para aumentar los desangrados ingresos de la Seguridad Social. Existe un consenso generalizado -también en su propio partido, camino del estado de pánico por el sorpasso de Ciudadanos en las encuestas- sobre que Rajoy tiene que anunciar algo hoy, sí o sí, pero el inquilino de La Moncloa ha dado muestras sobradas de que es un líder impertérrito y refractario a dejarse llevar por los estados de ánimo de la sociedad. Sin embargo, en esta ocasión juegan en su contra el cambio de viento en las proyecciones electorales y el estallido por sorpresa de los jubilados, tradicional granero de votos del PP. Don Mariano va a tener que arreglárselas para hacer hoy el truco de la chistera y sacar el conejo de una subida de las pensiones que hace solo unos días veía imposible, porque empecinarse en pedir paciencia a los damnificados de la crisis -los pensionistas lo son, sin duda- no solo ya no funciona, sino que le empujaría al borde del abismo. En un escenario de empleo precario y salarios que no garantizan cubrir las necesidades básicas, lo que predica el presidente sobre no tomar el pelo tiene sentido en la teoría, pero la realidad es que millones de jubilados se han plantado, han gritado ¡basta! y exigen poder vivir con dignidad. (No ayuda, por poner un ejemplo, que los gallegos que se jubilaron en 2017 perciban hasta 350 euros menos al año). Le toca a Rajoy mover ficha ahora y tirar por la calle del medio, si necesario fuese.