El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Opinión » Firmas

Contrariedades

XOSÉ RAMÓN R. IGLESIAS

La semilla de la discordia

21.04.2017 
A- A+

Existe en el PSOE una facción conservadora y reaccionaria, la que utilizó el color rojo para alfombrar el camino de Rajoy a la Presidencia del Gobierno y el negro para castigar con alevosía y prepotencia a los diputados fieles al mensaje que refrendaron sus votantes en las urnas, que ahora se rasga las vestiduras ante una posible victoria de Pedro Sánchez en las primarias, porque, en su opinión, abocaría al partido a sufrir una histórica escisión. ¿Piensan, acaso, abandonar la formación de la rosa Felipe González, Alfonso Guerra, Zapatero, Ximo Puig, Fernández Vara y el resto de damas de compañía de la andaluza Susana Díaz, ella incluida, si el secretario general al que derrocaron por la fuerza consigue regresar a su puesto gracias al poder del voto de la militancia?

Si este lote sospechoso que lanza la advertencia de división no piensa marcharse en caso de derrota, como parece que aseguran los Susana boys -y sus nulas opciones de supervivencia fuera del PSOE confirman-, ¿cuál es el peligro de un hipotético triunfo de Sánchez? Aunque en no pocas ocasiones demostró torpeza, resulta obvio que un Pedro victorioso nunca les haría el favor de renunciar a su condición de líder y a su oportunidad de poner a cada uno en su sitio dentro del partido. Si esto es así y, sin embargo, persiste el grave peligro de ruptura, que se palpa en el ambiente, acecha la reflexión personal de cada militante y amenaza con condicionar las primarias, ¿cuál es el elemento que puede provocarla? Sin duda, la posible victoria de Susana Díaz.

Si la presidenta andaluza logra salvar el gran obstáculo que para ella supone someterse al filtro de la militancia, la única condición que le falta para hacerse oficialmente con el control del PSOE, está por ver qué rumbo le daría a su carrera política Pedro Sánchez, pero es muy sencillo adivinar que el voto de los que lo apoyen en el proceso de primarias nunca acabaría en la urna socialista en unas elecciones generales. Igual camino de deserción seguiría el sufragio del 40 % de los votantes del PSOE que no son militantes, como así declaran abiertamente en todas las encuestas. Unos y otros nunca podrán comulgar con una papeleta que en el anverso lleva imprimida la cara de la preñá y en el reverso, la de Rajoy.

Pedro Sánchez causó muchos males al PSOE, pero entre ellos no se encuentra el de quebrar el partido en dos. Ese honor le corresponde a la virgen de las Angustias sevillana, que en plena crisis de gobernabilidad en Madrid desempolvó y sacó en procesión a todos los santurrones favorables a mantener a Rajoy en La Moncloa. Girar el partido hacia la izquierda, como intentó Sánchez, puede ser discutible, pero entra dentro de lo que prevén los estatutos que un día dictó Pablo Iglesias, el fundador de sus históricas siglas. Entregarlo a los intereses del PP, significa acabar con su esencia.

Susana Díaz descompuso la fiabilidad del bólido socialista. Con ella al frente, el votante nunca sabrá lo que puede esperar del PSOE. Con el motín otoñal que organizó en Ferraz cambió las reglas de la democracia: del gobierno del pueblo al gobierno de los partidos. La palabra comprometida en un programa electoral puede ser pisoteada por un comité federal repleto de aburguesados políticos profesionales. Además, ya que el PSOE de la preñá perdería votos por la izquierda -esfumándose su idea de partido mayoritario- y toda capacidad para entenderse con el Pablo Iglesias actual -al histórico ni lo conoce-, ¿qué otro camino le quedaría al margen de la gran coalición?

El descolorido PSOE actual en rojo y negro -casualmente, los colores de la bandera de la Falange- debe decidir si recupera o no sus tonos originales. Susana Díaz se apunta al amarillo y quiere ganar "haciéndose la rubia", una táctica que Cristina Cifuentes confiesa que le da buenos resultados. Pero la andaluza no es rubia original, sino teñida. Una condición que en política conlleva mala fama.