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Contrariedades

XOSÉ RAMÓN R. IGLESIAS

El guiño asesino

17.02.2017 
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Hace algunas décadas, cuando los asesinatos guardaban aún algo de misterio, estaba de moda un juego de cartas que emulaba la frialdad del killer. Los participantes se sentaban en círculo –como el que Podemos lleva en su anagrama– y se repartía un naipe por persona. A quien le tocaba el as de espadas, ése era el homicida virtual. No disponía de más armas que su mirada. Todos estaban obligados a mirarse a los ojos y cuando el asesino te guiñaba uno, el receptor del gesto decía en alto “estoy muerto”. O lo desenmascarabas a tiempo o todos acababan liquidados.
En estos días postcongresuales, se habla mucho de las purgas que se esperan en Podemos y del sosiego que se respira en el PP. Pero el perfil del experto jugador del guiño asesino lo da más Rajoy que Pablo Iglesias. Al lado del presidente del Gobierno, el líder de los morados todavía es un simple aficionado. La virtud de Rajoy es que logró que nadie en su partido sospechara que era él el que llevaba el as de espadas. Cuando lo descubrieron, era ya demasiado tarde para todos. Mayor Oreja, Rodrigo Rato, Álvarez Cascos, María San Gil, Zaplana, Acebes, Esperanza Aguirre, Ruiz-Gallardón y hasta el mismísimo José María Aznar fueron depositando su carta sobre la mesa de juego de Génova, al grito de “estoy muerto”.
En el PSOE, en esta fase precongresual en que se encuentra, surgen discípulos aventajados de Rajoy. Especialmente dos: Javier Fernández y Susana Díaz. Pero ninguno de ellos posee el estilo impecable y el talento innato del líder del PP para estas cuestiones, por eso sus maneras recuerdan al matachín poco docto con el cuchillo, que desgarra las carnes del cerdo a machetazo limpio. Le cortaron la cabeza a Pedro Sánchez, su único secretario general elegido en primarias, con tan poca pericia, que éste aún continúa vivito y coleando. Con torpeza, también castigaron a los diputados que se atrevieron a cumplir su promesa electoral. Y ya se intuye que el PSOE, en vez de un congreso, está organizando un matadero. Lo único seguro es que los navajeros de Albacete y Taramundi pondrán un puesto en la entrada.
La sabiduría popular asegura que las purgas son consustanciales a los movimientos políticos del marxismo leninismo o del estalinismo. Menos mal que ni Rajoy ni los aprendices Javier Fernández y Susana Díaz profesan la fe comunista, que de lo contrario, no dejarían títere con cabeza.