El Correo Gallego

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JOSÉ MANUEL ESTÉVEZ-SAÁ

Esas voces no acabarán con la UE

20.03.2017 
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LA Europa de los valores occidentales, de la tradición cristiana, de las democracias consolidadas, del Estado de Derecho, del proyecto común, y de la libertad de movimientos de personas y mercados, nunca sucumbirá ante esas voces interesadas que tratan de aprovecharse de nuestros momentos de debilidad para pasar de contrabando momentos de falsedad disfrazados de veracidad. Esto es y será así porque somos muchos, una inmensa mayoría, quienes estamos dispuestos a evitarlo, aunque a veces algunos, quizá demasiados, se vean tentados a zarandear el sistema con votos de esos denominados de “castigo” o “llamada de atención”.
Tan sólo de nosotros, de nuestra actitud, de nuestra disposición y presión, depende terminar de construir la Europa ideal que hemos soñado desde antaño. Es cierto que sólo una parte de nuestra mayoría es activa; y que otra buena porción permanece silenciosa. Pero ambas siguen ahí, dispuestas a reivindicarse y pelear por aquello que tantos sacrificios les supusieron a nuestros coetáneos, a nuestros mayores, y a quienes nos han precedido. Antepasados, familiares y amigos que han querido apostar por un ideal de unidad que no siempre hemos sabido proteger en la calle o desde las instituciones.
Por eso sorprende la ligereza con la que ciertos medios se hacen eco del éxito, siempre parcial, siempre contrarrestable, de las nuevas fuerzas políticas que emergen no sólo en Países Bajos, Francia o Alemania, sino en buena parte de la geografía europea, dispuestas a desestabilizar el sistema gracias a la connivencia e ingenuidad de ciertos sectores sociales susceptibles de sucumbir, debido a su falta de preparación, a su inexperiencia internacional, a su visión limitada del mundo, o a su insolidaridad manifiesta, ante unos cantos de sirena que se han vuelto más falsos y perniciosos que nunca. Tampoco ayudan las comparaciones odiosas e irreales que se hacen entre Norteamérica y Europa, ni los supuestos enemigos que, desde el exterior, se pretende proyectar sobre una UE capaz de sostenerse por sí misma y afrontar cualquier desafío proveniente ya sea de nuestro Este, de Asia, o de Oriente Medio.
Pero sí es cierto que, más allá de los procesos electorales y de los pactos de Gobierno en curso, incluso del inoportuno y pernicioso Brexit, el momento resulta propicio para reordenar un simulacro de caos que nada tiene que ver ni con lo que somos, ni con lo que deseamos ser en el futuro. Y si nuestro comedimiento y templanza nos impide blandir las banderas que nos identifican, alzar la voz que nos define, y transmitir el mensaje que nos une, debemos ser capaces, al menos, de convertir las papeletas electorales en nuestro estandarte, y las urnas en el campo de batalla sobre el que alcanzar, tanto aquí como allí, ya sea frente a la derecha extrema o ante la izquierda radical, la victoria definitiva que nos propiciarán nuestros legítimos votos.
www.josemanuelestevezsaa.com