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tribuna libre

FRANCISCO DOMÍNGUEZ

Tila para gobernantes

12.10.2017 
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EN mi época más joven, y al igual que mis amigos, tenía una gran pasión por el fútbol, y sobre todo por la selección española, a pesar de que en aquellos años no ganaba ningún torneo desde el famoso gol de Marcelino a la se­lección rusa. Todos hacíamos de seleccionadores y nos enfadábamos si no ponían o sacaban a determinados jugadores, o si se jugaba de una forma y no de otra diferente. Las discusiones entre nosotros eran muy vehementes, como si se nos fuese el alma en el asunto. Recuerdo que, en una ocasión, la discusión había subido mucho de tono, y recomendé a los más agresivos que se tomasen una tilita. Casi me pegan, pero ahí terminó todo porque, a fin de cuentas, íbamos a seguir siendo amigos unidos.

Traigo esto a colación, para centrarme en cómo afronta el presidente Rajoy el desafío independentista catalán y en cómo es a veces duramente criticado por algunos expresidentes de Gobierno, y por ciertos líderes de opinión que se manifiestan en los medios de comunicación de relevante tirada. Le acusan de inacción, de dejadez e incluso como un ser perezoso ante el problema que nos ocupa, cuando, en mi opinión, está actuando con las buenas reglas tradicionales de la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. No soy un fan del Sr. Rajoy, ni estoy en sintonía en muchas cosas con él, pero conmino a quien lea esto a que trate de correlacionar su manera de proceder con las virtudes cardinales referenciadas. Y conmino, por supuesto, a que lo hagan los Srs. expresidentes y a los periodistas más agresivos, y de paso que se tomen una tilita doble, porque lo que se necesita es mucha prudencia para con un pueblo catalán muy dividido y muy enfrentado. Y les recuerdo buscar el significado de la prudencia tanto en el diccionario RAE (tercera acepción) como en la discursiva de filósofos tradicionales griegos, romanos y también en los de más actualidad. A los señores expresidentes a los que me he referido, les recuerdo que la deriva nacionalista e independentista en Cataluña también se desarrolló durante sus mandatos como gobernantes, y ellos cedieron en algún momento, a las pretensiones de los partidos nacionalistas, diciendo que era necesario para la estabilidad de España. Las hemerotecas están ahí, y seguramente las condescendencias y acuerdos que hicieron con los gobernantes catalanes, los adoptaron en compañía de una tilita, es decir, con el sentido de la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.

No quiero lisonjear al presidente Rajoy, no pertenezco ni he pertenecido a ningún partido, y mi actividad política se limita a depositar mi voto en una urna cuando toca. Pero es bueno hacer una fácil trazabilidad de la situación reciente y de los problemas que se hubieron de afrontar desde la grave crisis financiera y económica. Recordemos que Artur Mas reclamó un exigente sistema de financiación al Gobierno español, que no pudo ser atendida por la situación económica de España con 5,6 millones de parados. Y ese rechazo a la propuesta derivó en planteamientos de referéndum independentista, con una primera etapa de simulacro de referéndum en noviembre de 2015. A partir de ese momento, el gobierno catalán apretó mucho más la soga al cuello de Rajoy, y vaya por dios, porque desde finales de 2015 estuvimos con un gobierno en funciones porque determinados partidos políticos estaban más preocupados de destruir al contrario que de la construcción del país, pasando por la desfachatez de unas nuevas elecciones generales. Con un gobierno en funciones poco puede hacerse de cara al conflicto catalán, y poco más todavía con un gobierno en precario como el actual suplicando votos para aprobar presupuestos, con reprobaciones de ministros, con comisiones de investigación que no arreglan casi nada, y un etcétera de intereses de pura táctica política. Francamente, al Sr. Rajoy le dieron " las del pulpo " por todos lados. Pero aún así, el Gobierno siguió con prudencia y con apenas ayudas de cara al procès, hasta que pasó lo que pasó y lo que está por pasar.

Quiero a Cataluña, viví varios años en Barcelona y me apena la situación económica y sobre todo la social. En el aspecto económico, lo que es malo para Cataluña lo es también para España, y no solo se trata de que empresas con solera trasladen su domicilio social a otras comunidades españolas. Lo más grave, si cabe, es que los acontecimientos que se están viviendo provocan una performance negativa de Cataluña para los inversores extranjeros, quienes están percibiendo un posible riesgo-país, o, para los más profanos, esos inversores perciben o pueden percibir que invertir en Cataluña es una decisión de alto riesgo y alta incertidumbre, como si fuese una especie de aventura. Y, por experiencia profesional lo digo, resulta difícil, costoso y de largo plazo el reconstruir una imagen de bonanza, estabilidad, y seguridad jurídica y política.

Termino como comencé, pero transponiendo el símil futbolero a las actuaciones de nuestros líderes políticos, instituciones y creadores de opinión. Y les ruego que se tomen las tilitas que sean necesarias alrededor de una mesa, que empleen el tiempo necesario, con temple de gobernantes y con altura de miras para reconducir el problema de convivencia entre comunidades, porque las derivas secesionistas son los problemas más graves que un país pueda tener.

Economista - MBA