El Correo Gallego

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RAMÓN G. BALADO

La soprano Ángeles Blancas en el Teatro Colón

13.10.2017 
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Concierto de la soprano Ángeles Blancas acompañada por el pianista Giovanni Auletta, en el “Teatro Colón” de A Coruña-mañana a las 20 h.-, dentro de las programaciones del ciclo “Os Nosos Intérpretes”, en las actividades de “Amigos de la Ópera de A Coruña”, ofreciendo una selección de páginas operísticas tomadas del Verdi de “Ernani”, Don Carlo” o “Un ballo in maschera”-escuchada en esta temporada dirigida por Ramón Tebar- y el Wagner de “El ocaso de los dioses”, después de la charla que nos dejó el pasado miércoles Antonio Vasco, seguida en el Auditorio de Afundación, directivo del ente cuando Ángeles Gulin, había cantado en las temporadas coruñesas, con el añadido en complemento de fragmentos musicales de su trayectoria en los importantes coliseos en los que llegó a triunfar, al lado de primeras figuras. Ella es precisamente la homenajeada, tanto por su hija, en esta gala, como por la propia Asociación que la tuvo en cuenta precisamente en las dos jornadas en las que pudimos escuchar “Un ballo un maschera”. Este ciclo fue inaugurado recientemente con el concierto del contratenor Christian Gil-Borrelli, con un programa cargado de páginas barrocas además de algunas concesiones a compositores más próximos, desde R.Quilter, a F.Obradors, Britten y García Abril. Hablar de Ángeles Blancas, es hacerlo también de sus propios padres, la soprano Ángeles Gulin y el barítono Antonio Blancas. En principio centraremos la atención en la diva de la jornada, que renueva compromiso con el festival tras “La Traviata” de Verdi, en la que participó en 2005. En tan dilatada carrera, viene de participar recientemente en Méjico en donde se la escuchó en “La fanciulla del West” pucciniana, pero su trayectoria nos traslada a 1992, cuando inició sus experiencias en una “Gala de Reyes” dirigida por Plácido Domingo.

A las puertas estaba su grabación de la zarzuela “El Gato Montés” de Penella junto al mentado tenor y la mezzo Teresa Berganza. Debutará en el Teatro de la Zarzuela encarnando el rol de “La Reina de la Noche” de “La flauta mágica” mozartiana en 1993, y de seguido, será el “Teatro la Fenice” de Venecia, para el papel de “Mélisande” de “Pelléas et Mélisande” de C.Debussy, dirigida por Marc Soustrot y en lo escénico por Luigi Pizzi y “Adalgisa” de “Norma” en Roma. Vendrán sin descanso otros teatros italianos: “San Carlo” de Nápoles para “La Bohème” con F.Zefirelli; “Carlo Felice” de Génova, “Massimo Bellini” de Catania, y el paso a Montecarlo para “L´Italiana in Algeri” de Rossini. “L´elisir d´amore” de Donizetti, en el “Teatro Real”. Acercándonos a tiempos recientes, nos encontramos con “La voz humana”, de Poulenc, “La Juive” de Halévy, “Simon Boccanegra” de Verdi, “Aida”, “Adriana Lecouvreur”, “Andrea Chénier” y a las puertas, el repertorio eslavo que ocupa buena parte de su interés, partiendo de Janacek en “Jenufa” (Kostelnicka), y “El caso Makropoulos”, para Bolonia y Palermo, y “Il Progioniero” de Dallapiccolla”, que se hará en Londres, Roma y Hamburgo.

Joaquín de Sagarmínaga, en su “Diccionario de cantantes líricos españoles”, le guarda una pequeña mención al lado de la de su madre, de la que comentaba que su voz era de las que crean adicción. Extensa, cálida y de gran intensidad sonora, aunque con un punto de estridencia cuando atacaba la zona aguda en los pasajes “di forza”, afirmaba que su voz hacía retumbar las lámparas de los teatros. Por su tipo de voz, su instrumento carecía de la necesaria flexibilidad para el canto elegíaco. En cuanto a su padre, Antonio Blancas, comenta que era peculiar en su voz el hecho de que el timbre resultaba viril y abombado, lo que en ocasiones le impedía ascender al registro agudo con absoluta comodidad. No obstante, buscaba la pureza de la línea y el canto refinado, materializándose las virtudes en el centro de su voz.