El Correo Gallego

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BALADO

RAMÓN G. BALADO

La R.F.G. , por Centros Socioculturales

13.09.2017 
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Cuatro pequeñas sesiones como anticipo de la apertura de temporada de la Real Filhamonía de Galicia, con su titular Paul Daniel, en su pretensión de llevar la música a lugares menos frecuentes, pero con un programa claramente divulgativo, por la “Sinfonía nº 7, en La M. Op 92” y la “Música Acuática, en Re M. HWV 349”, de G.F.Haendel, a través de la segunda suite. El día 13, y en el Centro Sociocultural de Santa Marta-20 h.-, se inaugurará la serie, que continuará al día siguiente en el Centro Sociocultural de Vite-20 h.-, y dos sesiones el viernes, día 16, una matinal en la nave 5, de la Praza de Abastos, aunque solo con Haendel, para completar en el Centro Sociocultural das Fontiñas-20 h.-, siempre con entrada libre hasta completar aforo. 

Beethoven con la “Sinfonía nº 7, en La M. Op. 92”, o la “Apoteosis de la danza”, en la apreciación del propio Richard Wagner, quien en uno de sus alardes con ansias de hacerse notar, parece que en su último invierno en Venecia, en el palacio Vendramin, tuvo la osadía de bailarla, en una velada con Liszt al piano. La obra es puente admitido en su trayecto hacia las dos últimas sinfonías y a otro nivel, no estará de menos recordad las distintas transcripciones, desde el piano a cuatro manos a otra para dos pianos, con el consentimiento del propio autor. La sinfonía fue ofrecida al conde Moritz von Fries, uno de sus benefactores, quien además había sido dedicatario de las sonatas para violín O. 23 Y 24, antes de presentarse en público un 8 de diciembre de 1812, en la Universidad de Viena, con motivo de una sesión de beneficencia organizada por Nepomuk Mälzel, inventor, entre otras cosas, del metrónomo, auténtico personaje de época por su inquieta personalidad. Detalle que vale la pena observar, es que la sinfonía tiene una introducción amplia, la más extensa de las realizadas hasta entonces.
Haendel con la “Suite en Re M.”, la más jubilosa de las tres compuesta para cubrir las demandas reales para un paseo por el Támesis, en el verano de 1717, sobre una embarcación de la City Company, en compañía de unos cincuenta instrumentistas, amenizando el trayecto tanto en la idea como en la vuelta. En conjunto, nos encontrábamos con tres suites, la que se ofrece en estas sesiones, a las que se añaden la “Suite en Fa” y la “Suite en Sol”. Obras pues, con todos los alicientes a favor, para interpretarse en espacio abierto y hoy habituales en festivales y programaciones de lo más diverso. Las suites no han perdido su vigencia desde su año de estreno, y ahora en mayor medida por la programación cotidiana de sus óperas- “Julio César”, Rinaldo” o “Tamerlano”-, los oratorios, las obras corales de factura más diversa o las cantatas. Los movimientos alternos en las suites, contribuyen a su riqueza expresiva. El uso de instrumentos, varía en cada una de ellas, abundando en la presente los instrumentos de metal. Su éxito considerable, vendría a consecuencia de la aceptación definitiva, como ejemplo de su planteamiento orquestal. En cualquier caso, tardaría en conocer su edición, que no llegaría hasta 1732, con los consecuentes cambios previsibles, evolucionando hacia la aparición de temas ajenos a su programa original. Se admite que con las suites, el compositor pretendía limar asperezas con Jorge I, su señor anteriormente en Hannover, al que había abandonado tiempo atrás. Pasará el tiempo y en i748, con el nuevo monarca Jorge II, reverdecerá laureles con otra obra de parecida factura, conmemorando en esa ocasión la firma de la Paz de Aquisgrán, que cerraba la guerra de Sucesión Austríaca, aunque para la propia Inglaterra, las cosas no saldrían según lo previsto.