El Correo Gallego

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{CRÓNICA PERSONAL}

PILAR CERNUDA

Toque a rebato

13.10.2017 
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NUNCA hubo en la Fiesta Nacional tantos ex como este año. Los exministros y altos cargos del PP no suelen faltar a la cita del Palacio Real, pero los socialistas eran reticentes, como si hubieran pasado página a sus años de servicio a España. En esta ocasión sin embargo llamaron a rebato: ante el desafío a la unidad de España y el rechazo de las autoridades y los independentistas catalanas a la Fiesta Nacional por ser Nacional, así como al discurso del rey Felipe, decidieron que había que dar un paso al frente. Funcionaron los teléfonos y no hubo nadie que, pudiendo, dejara de ir. Incluso Felipe González, que en pocas ocasiones acudía a esa cita anual. E Incluso Alfonso Guerra, que como recordaba él mismo, solo en una ocasión, además de ésta, había ido, y también fue porque se había generalizado una campaña de desprestigio hacia la Corona y a don Juan Carlos y decidió sumarse a la recepción ofrecida por el rey para expresar públicamente su lealtad. Este jueves, con su capacidad de decir en pocas palabras lo que piensa mucha gente, decía "Aquí está el espíritu del 78". El espíritu que los dirigentes catalanes de ahora, más Pablo Iglesia y sus afines, pretenden liquidar.

Fue una fiesta grande en la que se hacían cábalas sobre la respuesta que dará Puigdemont al requerimiento del Gobierno, si proclamó la independencia, si no la proclamó o si se queda sin responder, lo que sería considerado un "sí" como le advirtió Rajoy. Contaban que el presidente de la Generalitat se encuentra confuso entre lo que le aconsejan sus compañeros políticos y lo que le aconsejan sus abogados, que quieren salvarle de la cárcel y que no cometa un delito recogido en el código penal. El problema es que ya puede haber cometido otros delitos penales antes de pronunciarse sobre el requerimiento. El presidente Lambán contaba que una pequeña caja aragonesa ha ingresado esta semana siete millones de euros de catalanes que retiran sus depósitos de sucursales de su región, y en otro corrillo daban informaciones que, si eran ciertas, serían de escándalo, porque indicaban que organizaciones independentistas tenían sus dineros fuera de Cataluña.

Hay preocupación a todos los niveles y se sentía en el Palacio Real. Se teme lo que pueda ocurrir el lunes en la Audiencia Nacional con las comparecencias ante el juez de los líderes de la ANC, Omnium y el jefe de los Mossos Trapero, se especulaba con qué se dijeron Puigdemont y Colau en el almuerzo de hace unos días, un Pedro Sánchez descorbatado -que ridículo identificar izquierdismo con la camisa abierta- prefería no adelantar sobre los aspectos de la Constitución que deben ser reformados, y Sáenz de Santamaría decía con razón que según preguntes a un ingeniero o a un juez interpreta las palabras de Puigdemont como proclamación de independencia o como una declaración sin efectos jurídicos.

Montilla, exministro y expresidente de la Generalitat, tenía al menos una certeza, lo que no se daba en todos los invitados: va a haber e­lecciones autonómicas ya, muy pronto. Convocadas por Puigdemont o por quien le sustituya si a través del 155 se produce una sustitución. Alguien de su entorno coincidía en el diagnóstico y aportaba una percepción: esas elecciones autonómicas volvería a ganarlas el independentismo. Esquerra, para ser más concretos. El PDeCat está para el arrastre.

Periodista