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PILAR BERMEJO

El impacto medioambiental de la alimentación

13.06.2018 
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SEGÚN una estimación reciente de Naciones Unidas, en el año 2030 la población mundial será de 8.500 millones de personas. Para su alimentación, la producción de alimentos deberá aumentar un 31 % respecto a la actual. Es uno de los grandes retos de la ciencia (cómo producir una mayor cantidad de alimentos), de la industria (cómo procesarlos y conservarlos) y de la sociedad (cómo financiarlos).

Además, en relación con el medioambiente, no olvidemos que la producción de alimentos genera una importante huella ecológica a nivel mundial que es imprescindible reducir. Un mismo producto puede tener impactos ambientales muy diferentes. Un ejemplo muy fácil de entender es el del café. Producir una taza de café puede generar desde 80 hasta 1.300 gramos de dióxido de carbono. Esto no debe sorprendernos si distinguimos entre el elaborado en una cafetera que usa cápsulas de aluminio y el hecho en una cafetera italiana convencional.

La preocupación por este tema no es nueva. Ya se han realizado numerosas publicaciones, pero quisiera destacar un estudio reciente incluido en la revista Science. Se trata de un interesante y completo trabajo acerca de cómo reducir el impacto ambiental de la pro­ducción de alimentos implicando a todos los sectores relacionados.

El estudio se ha realizado sobre 38.700 granjas, 1.600 diferentes productos y sus distribuidores. Para evaluar el impacto ambiental se usaron cinco indicadores: el uso del suelo, la emisión de gases de efecto invernadero generados (principalmente dióxido de carbono) y la cantidad de agua consumida. Además, también se incluyeron otros dos relacionados directamente con la degradación de los ecosistemas terrestres y marinos, como la acidificación y la eutrofización (contaminación por exceso de nutrientes en el agua).

La conclusión más importante de este estudio es que es necesario implicar no solo a los productores de alimentos, sino también a las industrias que los procesan, a las distribuidoras y, por último, al consumidor. Para ello, se realizan las siguientes propuestas.

Los productores deben monitorizar el impacto ambiental de los alimentos. Existen ya herramientas digitales para hacerlo de forma sencilla. Así, en Estados Unidos el software utilizado para el control de las granjas ya lo incluye. En África y Asia se hace a través de los teléfonos móviles y en China se controla de forma global.

Una segunda propuesta incluiría la aplicación de impuestos para los sistemas de producción menos sostenibles y de subvenciones para apoyar el desarrollo de los más sostenibles. La tercera propuesta sería introducir el llamado etiquetado medioambiental, en el que se debería incluir la información de la huella ecológica de cada producto en una escala sencilla, fácilmente comprensible para el consumidor.

Es un problema global que requiere soluciones integrales.

Catedrática de Química

Analítica en la USC