El Correo Gallego

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MODESTO GÓMEZ

El tridente Estapé

20.03.2017 
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HACE un par de semanas tuve el placer de conocer a Tania Estapé, una de las psicooncólogas de la Fundación Española Contra el Cáncer. Su apellido me trajo al recuerdo a otro grande: Fabián Estapé, economista insigne que en su día fue rector de la Universidad Pompeu Fabra. “¿No sería tu pariente?”, le pregunté con ese interés tan mío, siempre buscando “cerrar círculos”. “Sí. Era mi tío”, me contestó. ¡Qué maravillosa coincidencia! Dos Estapé cruzándose en mi vida con más de 25 años de distancia, por diferentes motivos pero con semejante intensidad. Entonces le confesé…
Conocí a tu tío de una manera muy simpática. Era el año 1996 y el venía a presidir un tribunal de tesis a Santiago. Un buen amigo y profesor nos pidió, a un compañero y a mí, que fuéramos a recogerle al hotel donde pernoctaba y desayunamos con él. Sobra decir que aquel fue uno de los desayunos más interesantes de mi vida. Pero me quedó marcado por una anécdota curiosa.
Eran muchos los artículos de prensa que en clase habíamos leído y comentado de aquel hombre. Siempre rigurosos. Siempre puntillistas. Siempre tecnócratas. En el pie de cada artículo figuraba siempre su nombre escrito sin tildes: FABIAN ESTAPE. No recuerdo de qué diario eran, pero rebosaban sabiduría en cada gota de tinta.
Tratando de empatizar empezamos a intercambiar opiniones de economía, de formación y de la vida universitaria. Fue entonces cuando mi mente de recién estrenada mayoría de edad cayó en una trampa. Y pensé… “¿Cómo va a ser semejante eminencia un activo patrio? Aquella mente lúcida y preclara tenía que tener pedigrí extranjero”. Así que, traicionado por mi ignorancia y por aquella malévola costumbre de firmar los artículos en mayúscula y sin tildes, llamé dos veces “Fâbian” y otras dos “Stape” aquella mañana al rector. Sin tiempo a dejar que me sonrojara y sin apenas inmutarse, D. Fabián soltó una carcajada y me dijo: “¿De qué se avergüenza? Vergüenza es avanzar sin saber a donde se quiere ir, sin estar dispuesto a hacer lo preciso para conseguirlo o sin saber por qué uno quiere llegar allí. ¡Recuérdelo!”.
Como le dije a Tania hace apenas dos semanas, tanto me impactó aquella respuesta en aquel preciso momento que siempre incorporo aquella enseñanza a mis lecciones de “desarrollo personal”. A mí me gusta llamarles “el tridente de la Pompeu” y presentarlas como el eje de la columna de toda gran marca personal en honor a Don Fabián Estapé, con tilde.
Economista