El Correo Gallego

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LUIS POUSA

El factor humano (2)

17.02.2017 
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AL igual que la ZUR y la ZID son ejemplo del fracaso de una planificación centralizada, copiada de otras experiencias europeas anteriores sin analizar el contexto histórico económico en el que se produjeron y el alcance de las respuestas pretendidas en un tejido industrial, social y cultural determinado, lo son asimismo los parques empresariales, sucesores de los polígonos industriales del desarrollismo, y la formación profesional.
De hecho, en las décadas de los ochenta y noventa y primera mitad de comienzos de la del 2000 no hay municipio gallego que no exhiba entre sus prioridades la puesta en marcha de un parque empresarial y de un centro de formación profesional en el que una de las materias más solicitadas sea administrativa/vo. Demanda de las élites locales que los alcaldes se aprestan a satisfacer con la ayuda de la Xunta. En este sentido fueron famosas aquellas declaraciones de un conselleiro de Educación de la era Fraga que, en una de sus intervenciones en el Parlamento autonómico, desveló con cierto enfado la presión permante que sufría de regidores y concejales populares para que sus municipios fueran dotados de aquellas ramas de FP más demandas por aquellas jóvenes que, no habiéndose incorporado a la universidad, deseaban poseer alguna titulación de segundo grado, entre ellas las ya citada de administración y secretariado.
Si se examina con perspectiva el planteamiento, puede apreciarse cierto grado de relación entre la apuesta local por los parques empresariales y las ramas de FP aludidas, de moda en aquellas fechas. El cuadro sugiere el modelo de empresa que mayormente se ubicará en esos parques, qué tipo de empleos predominan y quiénes serán los afortunados o afortunadas en ocuparlos. Profundizando un poco más, no sería extraño encontrar una complicidad clientar, en lo político, y familiar, en lo económico, en el círculo que controla ambas iniciativas.
Obviamente, también existen iniciativas empresariales bien perfiladas, orientadas a competir en mercados competitivos e incluso internacionales, capaces de asumir una constante modernización tecnológica y de producto y generadoras de valor añadido. En este sentido, el paradigma es Inditex o, sin hacer punto de comparación con el imperio Zara, muchas empresas de automoción localizadas en Vigo y su área de influencia. Pero no hablamos de eso, sino de los miles de pequeñas empresas cuyo cometido no va más alla del almacenaje.
Periodista