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apuntes

LUIS CARAMÉS VIÉITEZ

La responsabilidad patrimonial del Estado

14.03.2018 
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VAYA lío el de las radiales de Madrid y alguna más. De los días de vino y rosas a sacudir el bolsillo del contribuyente. Exceso de optimismo de los gobernantes en 2004, crisis financiera brutal, mal diseño de las autovías, desembocando en una red congestionada, expropiaciones astronómicas, a lo que hay que añadir la progresiva mejora de las alternativas carreteras nacionales de siempre. Vamos, que circular por las radiales se convirtió en una opción antieconómica. Se les llegó a calificar de hito del plan de infraestructuras 2000-2007, y ¡caray si fue un acontecimiento significativo en el proceso político del momento! Pura quiebra.

Alguien dirá que esto de las radiales es un trasunto psicoanalítico del viejo centralismo, todo tiene que salir de y llegar a Madrid. Puede, pero -en cualquier caso- empresa constructora y empresa concesionaria, casi siempre pertenecientes a la misma matriz, en caso de hacer crac, consiguen que quien haya financiado recupere el crédito, que para algo está la Responsabilidad Patrimonial de las Administraciones Públicas.

Ahora el Estado ha empezado a rescatar estas autopistas, con un plan diferente al de Ana Pastor en su día, bastante sensato, con una quita del 50 por ciento y un plazo de 30 años para lo restante, que no fue del agrado de los bancos. Por cierto, algunas sin ningún viso de viabilidad, como la de Madrid-Toledo y la que va a Barajas, esta última un despropósito sideral.

Y tampoco las concesionarias destacaron por sus ojos de lince, sobre todo en los estudios de tráfico, muy mal hechos. Pero no se anduvieron por las ramas cuando incluyeron en los contratos que papá Estado debería pagar los platos rotos, es decir, habrían de compensar a las concesionarias si no alcanzaban un mínimo de tráfico.

Los gobiernos apelaron a recurrir todo lo recurrible, para ver si en el ínterin se solucionaba el problema con los tenedores de la deuda. Todo en vano, pues estos eran extremadamente heterogéneos, a destacar la banca extranjera. Y ahora a apoquinar un mínimo de 2.000 millones como coste aproximado del rescate, y luego a ver a quién se las adjudica, trabajadores incluidos, al tiempo que ha de negociar en Bruselas que la Unión acepte la calificación de déficit extraordinario, para no afectar a la senda de cumplimiento. Un pan como unas tortas.

Un alto ejecutivo de estos negociados decía el otro día que todo este embrollo merece calificarse como la conjura de los necios, copiando el título de la famosa novela de Toole. Y me imagino que los promotores de Marca España miran para otro lado, no sea que. En realidad, nadie ganó, el paradigma del mal gobierno.

Catedrático de Hacienda Pública