El Correo Gallego

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A SON DE MAR

JUAN SALGADO

Subestimar Galicia Calidade

19.06.2017 
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DECENIOS antes de la irrupción comercial de la agricultura ecológica, muchos agricultores gallegos experimentaban ya con el primitivo método de retirar a mano el escarabajo de la patata como el más sano, sino eficiente, insecticida posible. Ni que decir tiene que tan esforzado trabajo tenía como finalidad el consumo propio del tubérculo.
Viene la anécdota a cuento de que esas y tantas otras prácticas, como consecuencia de un minifundismo entendido en clave de autoabastecimiento, propiciaron a lo largo de décadas y aún hoy mismo una imagen de calidad de nuestros productos unánimemente reconocida.
Y fue un conselleiro de Industria, Juan Fernández, quien a los pocos meses de su toma de posesión ideó el acertado eslogan de Galicia Calidade que daba visibilidad a aquellas prácticas que no sólo en el rural, aunque preferentemente, sino en otros órdenes de la producción partían del mismo respeto por la calidad. La excepcional acogida de la iniciativa propició su pronta conversión en empresa pública, que desde 1995 viene funcionando con desigual apoyo de la Administración que la creó.
Sin embargo, documentados informes económicos como el ya aludido aquí de La Caixa en 2007 la reconocen como “una marca reconocida por los consumidores, que ha logrado construir y mantener una imagen sólida de prestigio y calidad”, que ha sensibilizado al consumidor en la exigencia de productos y servicios de calidad contrastada que la marca presta al producto certificado y que ha demostrado “ser un buen instrumento para potenciar la labor de promoción de los productos (...) contribuyendo así a la excelencia en la búsqueda de la mejora continua que garantice su ventaja competitiva tanto en Galicia como en el mercado nacional y en los internacionales”. La iniciativa ha evidenciado “que las empresas de Galicia crean productos y servicios altamente competitivos, diferenciándose de la competencia con el valor añadido de contar con la Marca de Garantía otorgada por la entidad Galicia Calidade, S.A.”.
Con un relanzamiento de la empresa a inicios del presente siglo, que “logró el doble objetivo de posicionar la marca y que los productos y servicios amparados por ella alcanzasen una gran notoriedad”, siguió durante unos años campañas adicionales que mejoraron su posicionamiento.
Pero a nadie se oculta que desde unos años acá y a causa del tan nefasto minifundismo ideológico que nos persigue como pueblo y al ser percibida Galicia Calidade como rival de las denominaciones de origen y de las Indicaciones Geográficas Protegidas, la propia Administración ha contribuido a relegar la visión y posicionamiento de la empresa pública en el concierto nacional e internacional en el que se había ganado un bien merecido prestigio.
Cierto que Galicia Calidade tiene –o debiera– horizontes más amplios que los del sector agroalimentario. Pero cuando hablamos de una Galicia rural que se desangra a borbotones y de la necesidad de concentrar todas las transversalidades en un mismo objetivo que evite su muerte, resulta miserable, además de ciego, no explotar al máximo las potencialidades que la iniciativa ofrece.
Y Galicia Calidade dista de ser la menos recomendable, aunque necesite reorientarse con vistas a desempeñar tan relevante objetivo.
jsalgado@telefonica.net