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villa y corte

JOSÉ RAMÓN ÓNEGA

Los nativos tribales

13.08.2017 
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rajoy visitó Chantada, esa perla luguesa que creó un horizonte de prosperidad de la mano del Grupo Hotusa. A su lado estuvo el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. Amancio López Seijas era un tipo corriente que, de la nada, fue creando imperio a base de constancia e inspiración. Coincidió con Rajoy en León cursando el bachillerato, y, mal estudiante, emigró a Barcelona. Va siendo tiempo de que alguien acometa el trabajo de escribir la historia de los gallegos que emigraron a Cataluña y crearon pequeños o grandes imperios. Ellos o sus hijos o nietos, que da lo mismo, aunque no sea lo mismo. Los de la CUP, que se las dan de nativos y tribales, quieren separarse, ignorando que la emigración les hizo lo que son y, entre ellos, los gallegos. También, claro está, los andaluces que fundaron el poder cortijero. Creen los de Puigdemont que su sueño arrastra una claridad delatora, cuando lo que hacen es deformar la historia y mentir pasados con el sudor de los demás pueblos ibéricos.

UN IMPERIO. López Seijas, que salió de la aldea de Camporramiro, no fue un buen estudiante pero creó un imperio, dando trabajo ahora mismo, en que algunos cierran sus cubículos, a miles de trabajadores. Estos son los merecedores de estatuas y calles en los pueblos y no los que presumen de ideólogos doctrinarios que elaboran pasiones y rebeldías. Este Amancio, con 22 años, siendo un chico espabilado, ya creó una asociación de hoteles que se convertiría en líder mundial del sector. Hotusa, hoy, está presente en 180 países en los cinco continentes. Díganme si no merece un templo y una corona de laurel.

REFERÉNDUM. Los separatas catalanes sueñan que un referéndum les llevará a la gloria. Se miran en el espejo vintage de curnocopia y rezan a Wifredo el Belloso. Como artistas que son, ofrecen variados talent shows y las damiselas, además de muslo, exhiben tops lenceros, vaqueros ceñidos y taconazos de vértigo. La revolución está en las minifaldas y en las terrazas donde corre el tequila, el hielo y las melenas al viento. Todo esto mientras Trump, el emperador, riñe con el sátrapa norcoreano Kim Jong-un. Mientras los niños corren en los parques, estos dos se dedican a jugar a los misiles de largo alcance y a las canicas nucleares.

HOMENAJE. Aquí por estas tierras luguesas, donde me encuentro, corre un fresco que cura los embutidos ya escasos. Anda por aquí mi sobrina Sonsoles, que triunfa con su novela, firmando ejemplares en Sanxenxo y otros lugares, dicho sea en términos de devoción familiar. Mientras, en Duancos, del concello de Castro de Rei, en la romana Lucus, se rindió homenaje a un personaje del siglo XVIII, Domingo López de Carbajal, al que Carlos III concedió el título nobiliario de marqués. Hubo parlamentos y discursos de curas y profanos, flotando en el ambiente el asombro de que un humilde aldeano llegase a ser noble y multimillonario. Allí estuvieron, además del alcalde, los curas Xosé Manuel Carballo, galeguista de pro, y Raúl, párroco de estos lares. Y José Benito López Ferreiro, enorme jurista. También, el sabio polígrafo Arias Vilas, Polín, que escribió un excelente libro sobre árboles senlleiros, y descendientes de aquel marqués que construyó una escuela gratuita para los niños de la comarca. Prediqué yo sobre la gesta de los indianos gallegos, la nave La Gallega, y que los españoles en América sean designados como gallegos. O Buenos Aires, bautizada como la Quinta Provincia Gallega. Sin olvidar que la primera noticia del Descubrimiento se recibió en Baiona. Los gallegos son el espíritu de América. Nos valoramos poco. O nada. Mientras algunos sacan pecho, nosotros soñamos. Menos mal que el espíritu de Feijóo nos asiste.