El Correo Gallego

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LOS REYES DEL MANDO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Un día de furia

14.06.2018 
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ESTÁ muy claro que el vértigo nos acompañará ya por siempre. Estamos en el enloquecido carrusel, no se conoce un minuto de tranquilidad. La realidad, envenenada, no da tregua. Y la tecnología se encarga de todo los demás: los debates en las redes parecen más bien picaderos de odio, alcantarillas del lenguaje. Se diría, por citar a Manuel Vilas en su magnífica ‘Ordesa’ (Alfaguara), que “nos gusta el apocalipsis. Lo llevamos en la genética”. En medio de este vértigo que es la actualidad, en medio de la inconfortable realidad, la derrota del fútbol ha sido la que ha sacudido verdaderamente los cimientos de este país: las novelas, me temo, importan menos. Así que nos las prometíamos muy felices y todo ha resultado un fiasco. En un día en el que se han juntado el asunto Urdangarin, la dimisión del ministro de cultura y el sindiós en torno a la selección de fútbol, poco más podía pasar. La realidad está intratable. Y nos maltrata, sin piedad.

Claro que todos estos revuelos tienen también su rendimiento mediático. No sólo corren las torrenteras descalificativas por las redes, sino que los tertulianos encuentran material fresco para el despiece de los días. Y luego dicen que el pescado es caro. Fue ayer, en efecto, uno de esos días enloquecidos y apocalípticos, como diría el maestro Vilas. Que lo llevamos en la sangre. Que lo llevamos en la genética. Y menos mal que veníamos de la hermosa noticia del Aquarius, que al fin tendrá puerto seguro, y que, por supuesto, supone un rearme moral para este país, y que desnuda la vergüenza de los excluyentes. Escuché por la mañana a otro maestro, Raúl del Pozo, refiriéndose a este cáncer del desprecio brutal a los desfavorecidos, que empieza a crecer también en algunos lugares de Europa. Un germen autoritario que, amparado en la simpleza maniquea, amenaza con destrozar un continente.

Veníamos de la gran noticia del Aquarius, necesaria y decente, y de pronto ha regresado el caballo del apocalipsis y el día se ha incendiado irremediablemente. El día vino denso y lleno de cenizas, todo colmado, por supuesto, de noticias negativas, mayoría absoluta en los tiempos que corren. Que nada positivo nos distraiga. Que nada amable nos debilite. Que nada hermoso nos prive de las fantásticas hogueras. Y así fue el día. Pero la mayoría se alarmó con el pollo del fútbol, porque esa era nuestra última esperanza. Lo dijimos aquí. Sólo el Mundial servirá para aislarnos de la gran quema de la actualidad. Sólo el fútbol logra construir un mundo alternativo. Y el fútbol ha fallado. En las últimas horas, tras el anuncio del fichaje de Lopetegui por el Madrid, la montaña rusa se ha puesto en marcha. ¿Creíais que el inminente campeonato mundial sería el lugar del descanso ante la realidad encabronada? Ilusos. Todos se ha incendiado también, allá en Krasnodar. Arde la actualidad como la yesca. Un entrenador se consume ante su propio triunfo, y otro llega a apagar el fuego del desastre. Ante la duda, una férrea solución. Hierro llevará el Mundial inminente. Surrealista es un adjetivo suave para toda esta movida. Pero el día ya venía ardiendo desde la mañana. Tribunales, juzgados, dimisiones, ceses, nombramientos. Así van las cosas. Así va la coctelera cotidiana. Sin tregua ni descanso.