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los reyes del mando

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Todos los gatos son Pardo

16.04.2018 
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ME acerqué a lo nuevo de Cristina Pardo, en La Sexta. Es una periodista joven, pero de largo recorrido. Su capacidad de establecer complicidades con el espectador es muy notable y también bien conocida: en poco tiempo ha logrado hacerse con una audiencia fiel. Y logra, entre risas, llegar al fondo de las cosas. Pero ‘Liarla Pardo’, juego de palabras aparte, es otra cosa. Quizás hayamos visto a Cristina Pardo demasiadas veces caminar al borde del acantilado de las noticias de vértigo. Quizás nos puede su imagen irónica, sus entrevistas tan cercanas como a menudo incómodas. Supongo que tendremos que acostumbrarnos a este lado más ‘light’.
‘Liarla Pardo’ se estrenó ayer. Ocupó una franja larga de la tarde dominical, que siempre es un terreno pantanoso. Con la primavera aún en la recámara y las lluvias desbordando nuestra paciencia, Cristina alcanzó a muchos catódicos de domingo aún en el salón. Yo mismo, que no había salido a pasearme a cuerpo, como me gustaría. El programa, en directo y con público, está montando en torno a una mesa con colaboradores heterogéneos, que atienden, por decirlo así, diferentes especialidades. Será porque es domingo, o porque a esas horas de la tarde todos los gatos son Pardo. Lo cierto es que el programa no la lía tanto como promete el título, sino que discurre como un largo río tranquilo (no el Ebro, ayer, desde luego). He aquí una Cristina con su gracejo habitual, con su risa imbatible que puede desembocar en ironía con extrema facilidad, pero sin el potencial de ofrecernos la actualidad más dura cociéndose en las marmitas al rojo vivo.
Seguramente es una Cristina necesaria, porque tal vez estamos ahítos de realismo sucio y morbos varios. Lo decíamos ayer: hay tantos magacines (sobre todo matinales) que exprimen los lados más duros de la realidad que a veces te dan ganas de salir huyendo. No es que la actualidad pueda negarse, pero quizás podría enfrentarse de forma diferente. El desgaste del espectador (y del ciudadano, claro) es ya muy notable. Así que es probable que se necesiten algunos lugares amables para tomar el café de los domingos. Seguramente se necesita un poco de charla distendida, un poco de risa, algo que nos libere, siquiera sea por unos instantes, de las broncas y los gritos, de las verdades absolutas, de la lluvia de declaraciones, del granizo de los tuits, de las muchas horas inconfortables que la televisión nos muestra. Necesitamos, quizás, una tregua.
Y ‘Liarla Pardo’ me lo pareció. Una tregua. Porque el nuevo programa de La Sexta nos envolvía en una tarde amena, lejos de los terremotos cotidianos. Lejos, sin duda, de la Cristina Pardo a la que estamos acostumbrados. Las notas de actualidad de Cintora, el informe del tiempo (allí estaba Brasero, que es otro genio de la comunicación), incluso el informe sobre lo que comemos, con el otro Pardo y el comidista Iturriaga, por citar tan sólo a algunos, ofrecían ese cómodo perfil que bien podríamos llamar de ‘revista de tarde’. Sin aspavientos. Más difícil me pareció el encaje del invitado (ayer Antonio Carmona) y una especie de concurso que no acabó de cuajar: pero es un detalle menor. Una cosa está clara: la Pardo nos ha enseñado otro registro. La tregua de los domingos.