El Correo Gallego

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LOS REYES DEL MANDO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Todo es Shakespeare

13.10.2017 
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El ESTRENO en TNT de ‘Will’ nos trae memorias de muchos otros William Shakespeare, que surgen por las avenidas de la literatura, del cine y de la televisión con extraordinaria abundancia. Shakespeare sigue ahí, porque él es todo. También en el presente. Y aunque no faltan quienes atribuyen al bardo (en su tiempo, actor advenedizo) la condición de elemento simbólico de la literatura anglosajona, por no decir de souvenir turístico, lo cierto es que su literatura sigue alimentándonos cada día, y sirve para casi todo, lo que debe ser no sólo consecuencia de una apropiación turística de la literatura por parte de los ingleses, sino directamente de su genialidad. A menudo se dice que España nunca ha explotado muy bien, ni medio bien, la memoria de los escritores (eso cuando no los olvida directamente, incluso a las primeras de cambio), lo cual es válido para sus casas y sus biografías, no sólo para sus obras. Un país que no hace de su cultura (o mejor, sus culturas) cuestión irrenunciable no sólo puede perder su alma, sino su lugar en el mundo y en la modernidad.  

Pero Will Shakespeare, a pesar de tantas películas recreando sus obras, y después de no pocas sobre su prácticamente desconocida vida (lo que da manga ancha a los guionistas, pero no hasta el infinito y más allá), sigue abriendo debates en su propia tierra, y no sólo entre los académicos que lo estudian (que son legión). Especialmente, existe ese debate entre la alta cultura, intelectualizada, y aquella que pertenece al pueblo. Hace falta conocer bien el teatro isabelino (no sólo ir de visita al reconstruido Globe, aunque no está nada mal hacerlo) para entender la conexión profunda que existía entre el pueblo y el teatro en aquellos días, lo que provocó su prohibición en numerosas ocasiones, como es bien sabido, ya fuera por desórdenes o por censura. El teatro fue entonces la mayor expresión de la libertad, antes de que la novela nos cambiara los hábitos. Nada es tan vivo como un escenario, y eso se ve muy bien en ‘Will’, una serie sin duda peculiar.

Se preguntarán cómo es posible hacer algo nuevo sobre Shakespeare. Sucede que Shakespeare es interminable. Se cuela en múltiples series de ahora mismo, incluyendo ‘Juego de Tronos’, evidentemente, y en toda aproximación a la política y al juego del poder. Eso es Shakespeare: el estudio de las ambiciones humanas y de sus fragilidades. El estudio del poder como la más poderosa y peligrosa de las drogas. Y en estos tiempos que corren, está tan de actualidad como lo ha estado siempre. Shakespeare es divino, pero en realidad nada humano le es ajeno. ‘Will’, la serie, merece la pena por la reescritura ‘punk’ de su figura, por su aire moderno, aunque hay apropiaciones de Shakespeare en infinidad de películas. Aquí, el jovencísimo actor (recién graduado de la London Academy of Dramatic Art) Laurie Davidson, da vida a sus primeros años, a su lucha por sobrevivir en un Londres magníficamente recreado. Una escena de taberna en la que Will es retado a un duelo de poemas, nos trae de pronto el aroma del rap contemporáneo. Aquí se muestra al joven Shakespeare, a flor de piel, con las concesiones propias de la ficción, pero con gran fuerza. Lástima que la serie se va a quedar en una sola temporada.