El Correo Gallego

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LOS REYES DEL MANDO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

El silencio de Europa

13.08.2017 
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AHORA, con todo el ruido del mundo, Europa es apenas una vocecita en la tarde. Pero, ¿es mejor todo ese estruendo que produce en las pantallas la nueva gran crisis internacional? En el Reino Unido siempre han creído que Europa se perdía en legislaciones y directivas, en tejer el complejo traje de la administración, en alimentar la carne de un cuerpo aún adolescente. No soy amante del reglamentismo, pero prefiero un continente moderado, que no hace política a grandes voces, que no entra en los foros de la diplomacia como un elefante en una cacharrería. He defendido aquí el milagro de Europa, uno de los más grandes logros de la democracia en los últimos doscientos años. Con todos sus abundantes defectos. Y sigo manteniendo que, a pesar de todos los aspectos negativos, que se agudizaron con la crisis de los refugiados y con la propia crisis económica, Europa sigue siendo la idea más acabada de una civilización moderna, le pese a quien le pese. Su silencio, en estos días de gran nerviosismo global, no creo que sea una muestra de escasez de liderazgo, de poca representación, de irrelevancia, sino el resultado de otra manera de hacer política. En los últimos meses, ha cambiado el lenguaje. Y el lenguaje suele crear la realidad. La progresiva desafección del Reino Unido hacia la Unión Europea, que finalizará, si nadie lo remedia, con la salida definitiva de los británicos y el repliegue a su ideal del Valle del Támesis, apunta a un mundo fracturado por el auge de las ideas proteccionistas y por el regreso de los egoísmos locales. También por las nostalgias imperiales. En muy pocos meses, la concepción del mundo como territorio de colaboración y progreso, en materias tan sensibles como el cambio climático, se ha venido abajo, y ha sido sustituida por planteamientos viscerales y emocionales, creados sobre un lecho de medias verdades, o mentiras de diseño, con el aderezo de una propaganda infantil y un impulso mediático de la peor especie. La política de las emociones es la que ahora mismo mantiene el mundo en tensión. Este giro vertiginoso en la forma de entender el liderazgo político está dañando gravemente muchos de los progresos conseguidos, y, sobre todo, está dañando el equilibrio global y la moderación. No extraña, por tanto, que Europa lleve algunas semanas prácticamente desaparecida de los informativos. Es un hecho que refleja la frustración de sus dirigentes, y, yo creo, de gran parte de los ciudadanos. La confusión se deriva de este cambio de modelo mediático, en el que el titular hace la realidad y en el que el tuit pendenciero es una declaración de principios. Mientras avanzamos hacia un mundo en el que el conocimiento pretende seguir siendo la base de la civilización y el progreso, de pronto nos encontramos con un desprecio arrogante por el pensamiento complejo, quizás como castigo a unas supuestas élites intelectuales a las que se les acusa de haber construido un mundo a su medida. Europa, en medio de este gran silencio, asiste atónita a este viaje inverso, a esta peligrosa y brutal mutación de la política. La gran tormenta mediática que se ha desatado en el mundo no deja escuchar las voces que emiten en otras frecuencias. No hay nada que hacer en medio del ruido y la furia.