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Políticas de babel

JOSÉ MANUEL ESTÉVEZ-SAÁ

Fernández Albor es de todos

19.06.2017 
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DUDO que exista alguien que no haya celebrado, o aceptado sin objeción, la concesión a don Gerardo Fernández Albor, de la Medalla de Oro al mérito en el trabajo. Y no ha sido esa longevidad, de la que toda Galicia se congratula, el motivo de semejante reconocimiento, sino su infatigable compromiso laboral y social con esta tierra gallega que tan cabalmente ha defendido siempre. No seré yo quien ose repasar una trayectoria médica, gestora y política intachable y de todos conocida. Pero sí quien reconozca su lucidez, su sabiduría, y una cordialidad que se evidencia incluso a la hora de poner reparos a aquellos postulados con los que no se siente cómodo.
Don Gerardo es buen ejemplo de mi reivindicación sobre la necesidad de contar con el buen criterio de aquellos que nos ilustrarán y superarán siempre en prudencia y experiencia, además de en edad, dignidad y gobierno. Hablo de don Gerardo en particular, sí; pero también de nuestros mayores en general, a quienes no escuchamos lo suficiente. Dotado de la ejemplaridad y la eficiencia de don Manuel Fraga, y de la tenacidad y la agudeza social y política de don Emilio Pérez Touriño y don Fernando González Laxe, el expresidente Albor constituye un pilar esencial del pasado y el presente de Galicia. De ahí que el presidente Feijóo lo reivindique, sabiamente, como un referente ineludible.
Muestra de ello es ver cómo, incluso en el ámbito siempre inquieto y combativo de la juventud universitaria, cuando alguien cita la figura de nuestro egregio expresidente, las voces se calman, y el reconocimiento se hace evidente (hagan la prueba con nuestros jóvenes más reflexivos, y lo comprobarán). Ello demuestra que hay talantes y perfiles capaces de sobreponerse incluso a posicionamientos ideológicos que, de manera interesada, pretenden achicar a quienes siempre serán gigantes.
Por eso no me sorprende que hayan sido tantos los que, tanto en España como en el extranjero, me han transmitido su máxima consideración hacia este honorable gallego universal. Un respeto que he podido percibir, también, en los actos académicos, sociales y culturales en los que he coincidido con un don Gerardo que siempre suscita admiración e interés hacia su persona y su trayectoria profesional. Esta cortesía de tantos estudiosos y académicos hacia la figura de Albor surge como respuesta a su infatigable compromiso democrático, constitucional y europeísta, y a su conocido convencimiento de que cualquier opinión, por dispar que pueda ser, merece ser no sólo escuchada, sino tenida en cuenta.
Por eso, y porque pertenezco a ese gratificante grupo de ciudadanos que tienen la suerte de trabajar, convivir, aprender y disfrutar diariamente al lado de un variado círculo de amigos con planteamientos vitales e ideológicos de lo más diverso, puedo afirmar, tras constatarlo con ellos, que el presidente Albor será siempre patrimonio de todos.
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