El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Opinión » Firmas

el análisis

JOSÉ LUIS BOUZA ÁLVAREZ

La nostalgia de absoluto

13.02.2018 
A- A+

ALGUNA gente se pregunta por qué tantos años después de haberse desvelado los errores y horrores del comunismo, éste no perdió por completo todo su prestigio al modo del fascismo, religiones políticas ambas -como ya había comprendido Camus-, que siguieron a la llamada "muerte de Dios", es decir, a la crisis de la idea de absoluto, y heredaron la esperanza de redención y la llegada de la victoria final, del día de los justos, de la parusía.

Muchos factores lo explican, como la inocencia doctrinaria y apasionada -la fe del carbonero- de creyentes a menudo de buena fe que en un mundo incomprensible se esforzaron por vivir una vida consecuente basada en una interpretación sencilla de la realidad. En comparación con la verdad, con tan elevada y altruista meta como la redención humana, habrán pensado ciertos comunistas, ¿qué podría importar el asesinato, los falsos cargos o la mentira cuando la gente (como decía Nietzsche) prefiere un puñado de certezas a una montaña de posibilidades?

Siempre he sido condescendiente con las personas, cuando de algún modo las conocía, y crítico con los desvaríos políticos, pues la lucha por la fraternidad humana de gente sencilla a quienes su adscripción comunista solo ocasionó trabajos y tribulaciones en nombre de tal esperanza, no estuvo exenta a menudo de honestidad y coraje, de una autenticidad que no siempre tuvieron sus enemigos políticos.

"Libertad ¿para qué?" Durante siglos muchos liberales trataron de responder a la pregunta de Lenin a Fernández de los Ríos. Desde Mill a Benjamín Constant, desde Tocqueville a Berlin. O la libertad como un principio inalienable de la condición humana para la realización de fines propios de los individuos y con límites que la hacen posible a otros, o como un ejercicio de fuerza para imponer el propio criterio político.

El tiempo ha minimizado la acción doctrinaria de las ideologías cuando hay tras ellas nostalgia de absoluto, pero cuando en un golpe de audacia el separatismo catalán trata de imponer la nación como ente no accidental sino esencial fundado en valores de raza, herencia y tradición y de cuyo destino se cree exclusivo depositario, violenta la libertad de los que han sido desposeídos de aquellos valores y reducidos a seres inferiores por ajenos a tal entidad ideal, como había hecho el comunismo con su propio basurero de la historia (expresión al parecer ideada por el británico A. Birrell).

¿Cómo una sociedad ideal concebida por la nostalgia de absoluto podría imponer sin coacción su sustancia metafísica a una población?

Catedrático de Arte