El Correo Gallego

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{ tribuna libre }

JOSÉ FERNÁNDEZ LAGO

El monte, el viento y las aguas de Dios

13.08.2017 
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Cuando vemos las maravillas de la tierra y el mar y la fuerza del viento, y contemplamos como Fray Luís “el cielo, de innumerables luces adornado”, no podemos menos que pensar en la creación del mundo y del hombre, y en la grandeza abismal del cosmos, pues, en comparación con él, la misma tierra es insignificante…
La 1ª lectura de la Misa de hoy, del libro 1º de los Reyes, nos muestra al profeta Elías buscando al Señor. Siguiendo el sentir de los antiguos hombres de fe, se dirige a una montaña, estribación de donde el salmista esperaba que le llegara el auxilio divino. El Señor le dice que aguarde allí, y él se refugia en una gruta. El profeta espera encontrar a Dios en acontecimientos llamativos: el viento huracanado, el terremoto, en el fuego…, pero en ninguno de ellos estaba el Señor. Después sintió una suave brisa, un susurro que acariciaba… Entonces el profeta se cubrió el rostro, en señal de sumisión, y salió a la entrada de la gruta, para encontrarse con el Señor.
El Evangelio de hoy nos muestra a Jesús que envía a sus discípulos a la otra orilla del lago, mientras él despedía a la gente. Después de la despedida, Jesús sube al monte para orar, y pronto se hace noche. El barco de los discípulos se había alejado, sacudido por las olas, con viento contrario. Jesús se les acerca de madrugada, caminando sobre las aguas. Ellos se asustan, creyendo ver un fantasma. Jesús se presenta: Yo soy, expresión alusiva a su condición divina. Pedro le pide que le haga andar también a él sobre las olas, y se echa a andar. Se cae, pues él no es Dios y no tiene la fuerza de Jesús, el Hijo del Eterno Padre, puede dominar el agua y el viento. Cuando amaina el viento, al subir de nuevo a la barca, reconocen que Jesús es el Hijo de Dios.
La 2ª lectura es un desahogo de Pablo al referirse al pueblo judío. Desciende de Jacob, son miembros del pueblo de Dios, del que salieron los patriarcas y profetas, y en él nació el Mesías, Dios bendito por los siglos. Desea que ese pueblo encuentre al Señor.