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Tribuna

JOSÉ ANTONIO CONSTENLA

Juramentos de ayer y de hoy

13.09.2017 
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UN servidor no hizo la mili, la universidad y la abolición del servicio militar obligatorio me eximieron de la experiencia. Por tanto el CIR (centro de instrucción de reclutas), las aventuras del campamento, los destinos cuarteleros, los cabos y sargentos con mala leche (que harían pasar por hermanitas de la caridad al Sargento de Hierro de Clint Eastwood), las aventuras y desventuras de los quintos y las amistades que duran una vida, no se encuentran entre mis recuerdos. Tampoco realicé algo tan tradicional y que debería ser cotidiano, como dar testimonio público de compromiso de defensa de los principios y valores por los que se rige la convivencia en nuestro país, mediante la jura de bandera.

Si bien es cierto que se pueden encontrar otras maneras de manifestar ese compromiso, siempre me ha parecido una manera bonita de hacerlo mediante el juramento y el beso a la bandera, dos símbolos de reconocido valor. El beso es una manifestación de ternura y de amor a los demás. Mientras que la bandera, lejos de ser sólo un paño de vistosos colores, es la representación material de un país y por tanto de toda una sociedad. Encarna las tradiciones, las hazañas y los esfuerzos de los que nos han precedido.

Es más, si la miramos bien, descubrimos que nos representa a todos, porque a todos recuerda el lugar en el que nació, la casa en la que vivió, sus antepasados y hasta a la familia que le educó. En definitiva es la tarjeta de presentación de un país lleno de valores y de historia.

Pues bien, como decía antes, yo no había tenido la oportunidad de hacer esa jura de bandera, por lo que enseguida acepté la invitación del Cuartel General de la Fuerza Logística Operativa, para poder hacerlo en la ciudad de A Coruña, bajo la atenta mirada de la estatua de María Pita, en la plaza que lleva su nombre.

Llegado el momento de jurar y besar la bandera, pensaba en las palabras que minutos antes había pronunciado el general Francisco Javier Sánchez, jefe de la Fuerza Logística Operativa del Ejército de Tierra, a cerca de María Pita, quien involuntariamente se iba a convertir en el testigo mudo de mi compromiso público, "María Pita constituye todo un símbolo en el que se encarnan el coraje, la valentía y lalealtad a España de todos los hombres y mujeres, que en los graves momentos de la historia han sabido dar lo mejor de ellos mismos en defensa de nuestros valores e ideales".

Estas palabras me interpelaban y me llevaban a preguntarme acerca de lo que significa ser español, ser patriota en el mejor de sus sentidos, y si realmente sabía y valoraba lo que poco después iba a realizar.

Creo que España es mucho más que un espacio geográfico, es una gran nación, un lugar abierto, diverso y dinámico que tiene identidad propia y una historia envidiable. Pero, sobre todo es una empresa común, un ideal, unos principios y unos valores.

Por otro lado el patriotismo es el impulso que puede hacer grande y fuerte a un pueblo. El patriota debe serlo de verdad, con desinterés y abnegación, huyendo de patrioterías y descubriendo que lo que nos hace falta son personas dispuestas a sacrificarse por lo demás, con independencia de ideologías.

Después de besar la bandera y de pensar en lo que decía Lord Byron de que "el que no ama su patria no puede amar nada", miré a María Pita y tomé conciencia del compromiso que acaba de aceptar.

joseaconstenla@infoscod.es