El Correo Gallego

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JAIME BARREIRO GIL

La vergüenza europea

17.05.2018 
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EUROPA debe saldar de una vez por todas las cuentas con su historia en relación a los judíos. Tiene muchas razones para sentir el peso de sus enormes responsabilidades, y no debe perder la consciencia de las mismas. Pero tampoco debe trasladar a sus posiciones con respecto a Israel, como creación política contemporánea, una actitud de impotencia, cuando no vergüenza, como la que acaba de escenificar en los actos de apertura de la embajada de los Estados Unidos en Jerusalén. La Unión Europea no asistió como tal a los mismos, aunque sí que lo hicieron algunos países miembros, pero su respuesta no por ello deja de ser ambigua e insuficiente, incluso, lo que es peor, ante la inexcusable denuncia de la muerte de más de medio ciento de palestinos en la Franja de Gaza, a manos, según se dice sin ser negado, de francotiradores militares israelís.

Europa tiene que fijar de una vez por todas y sin que se preste a equívocos, con asunción de todas sus consecuencias, las decisiones que corresponden a su apoyo declarado a los preacuerdos ya alcanzados sobre la convivencia entre israelís y palestinos, incluyendo el establecimiento de dos estados independientes y respetados. Y si para ello es necesario exigir condiciones, será tanto para los unos como para los otros, poniendo fín a la diletancia con que se responde habitualmente a los incumplimentos, cuando no trampas, como esta de intentar complicar y coartar la posibilidad de que ambos de aquellos estados fijen su capital precisamente en Jerusalén, como se ha acordado ya, a modo de máxima garantía para la convivencia pacífica.

Decir, como dijo el primer ministro israelí, que con el traslado de las embajadas de Tel Aviv a Jerusalén mediante una decisión unilateral, al margen de los preacuerdos, y preñada de una politización incluso mezquina, es un ejercicio político para nada favorecedor de la paz, sino de la guerra, que en absoluto resultará menos dañina por el hecho de que un bando esté mucho mejor armado que el otro, pues ahí se acaban las diferencias más notorias.

Europa, por fin, podría empezar a enmendar su vergüenza anticipándose a prestar ayuda sanitaria en la ya dicha Franja de Gaza, donde además de los muertos se ha causado heridas de muy diversa gravedad a más de dos mil personas, cuantía que los servicios palestinos probablemente no sean capaces de atender debidamente. No debería tardar más, pues, el envío de equipos, medicamentos y personal sanitario para atender a los palestinos malheridos por el ejército israelí. Así si que se podría ir avanzando un poco más hacia la paz.

Doctor en Economía