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Posdata

JAIME BARREIRO GIL

Todos a una

12.07.2018 
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PEDRO Sánchez sabe que somos muchos los que estamos expectantes sobre los resultados que pueda tener su política respeto a los separatistas catalanes. Puede ser que haya sido capaces de evaluar lo poco productiva que ha sido hasta ahora la opción del todo o nada con que han encarrilado sus propuestas; tampoco lo ha sido, desde luego, la de pretender obligar a un gobierno español a desatender su obligación principal de cumplir y hacer cumplir la legalidad constitucional, para cualquier cosa que fuera.

Puede ser, pues, que los propios separatistas, sin renunciar a sus planteamientos, que nadie hay ni debe haber que se lo pida, hayan acordado reorientarse, aceptando que en democracia nada hay ni puede haber fuera de la ley. Y puede, por fin, que como consecuencia de ello sea posible lo que hasta ahora no lo fue: sentase a hablar, entre demócratas, es decir, dentro de la legalidad, sobre la mejora y ampliación, si se quiere, del ejercicio del derecho al autogobierno en Cataluña, en el marco de la Constitución que define a España como un Estado que lo reconoce y garantiza a modo constitutivo, aunque no sólo para Cataluña, por cierto.

Y este "no sólo" es cuestión que alimenta la expectación de que yo hablo: las reivindicaciones del los nacionalistas catalanes, si se formulan desde un afán separatista, para muchos de nosotros son rechazables de plano. Para nosotros, lo que cuenta por delante de cualquier otra cosa es la defensa del proyecto democrático español, que, repito, incluye como parte referencial de su propia definición el reconocimiento del derecho al autogobierno de sus nacionalidades y regiones, como dice la Constitución en su actual redacción, o incluso las naciones que lo componen, si así se quiere decir en otra renovada.

Yo no discuto esta parte del asunto, porque no niego la condición nacional al menos algunas de las nacionalidades españolas, entre ellas Galicia, claro. Pero si que niego que ninguna de ellas pueda izar su bandera con desatención de la igualmente indiscutible realidad histórica de la propia España. Puedo decir, pues, que acepto la definición de España como una realidad plurinacional, pero una, democrática, claro, como la actual, pero una, porque esa, al fin, es la mejor garantía de que disponemos para seguir viviendo en democracia que es, como digo, lo principal.

Háblese, pues, con quien se quiera hablar, pero aquí no se podrá ir a ningún sitio si no vamos todos a una. Están bien las relaciones bilaterales fructíferas entre los gobiernos de España y Cataluña, pero el acuerdo final tendrá que ser multilateral.

Doctor en Economía