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TRIBUNA LIBRE

J. L. Maiz

Déjà vu

21.04.2017 
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EL 1 de enero de 2002, el euro entraba en circulación como moneda única adoptada por 12 Estados de la Unión Europea y la Antigua Comunidad Europea del carbón y el Acero ­(CECA) se extinguía pasados los 50 años de su ­período de vigencia, integrando sus funciones dentro de la Comunidad europea constituída por el Tratado de Maastricht una década ­antes.
España empezaba el año presidiendo el Consejo Europeo y en aquel evento que tanto nos define como europeos, Rosa I de España amenazaba la endogamia de los países de ahí arriba y del este (esos que siempre se votan entre ellos) con su Europe’s living a ­celebration.
Sin embargo, aquel contexto internacional era bastante más serio. Acorralado por un miedo distinto, sin precedentes, tras el atentado de las torres gemelas y sumergido en la especulación sobre posibles armas de destrucción masiva que acabarían conduciendo a la invasión de Irak, en Francia sus ciudadanos anticipaban el debate que actualmente marca el destino de occidente.
En las elecciones presidenciales francesas de 2002, una solidaridad interideológica que abarcaba desde la izquierda socialista hasta la derecha conservadora acudía a las urnas para determinar que el político conservador Jacques Chiraq revalidara su cargo como presidente de la República francesa. ¿La razón? Un tipo resentido por el devenir de occidente tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y apologista de la postverdad antes de que negar hipótesis ad hoc pasase a llamarse postverdad…podía llegar a convertirse en su presidente.
Como un déjà vu, este domingo 23 de abril tendrá lugar la primera vuelta de las elecciones francesas de 2017, con su hija Marine le Pen como gran protagonista de estos comicios y dadas las circunstancias de la actual escena ­internacional.
Mientras en la otra potencia europea, la solidez de ambos candidatos de los dos grandes partidos ante las próximas elecciones aleja cada vez más el éxito del nacionalismo exclusivista, las elecciones francesas constituyen el enclave perfecto en el que se desarrolla el debate sobre el futuro de Europa, en una campaña donde el islam, el multiculturalismo y Europa se presentan como temas prioritarios.
Con Marine le Pen, la instrumentalización de la inmigración como chivo expiatorio deja de ser un mero subterfugio xenófobo y su rechazo se convierte, junto con su ­“proteccionismo inteligente” en la defensa de lo popular y en una crítica de la situación global.
Del total de 11 candidatos que se presentan a estas elecciones, marcadas por un fuerte personalismo y por una campaña empeñada por las tramas ­judiciales, 3 de ellos ostentan, opciones muy ­similares de pasar a la segunda vuelta del 7 de mayo junto a Marine le Pen, según las últimas encuestas realizadas, que también predicen una abstención en torno al 34 %.
Al igual que en España, la aritmética hará del pacto condición necesaria que los apoyos y la dinámica de movilización electoral de cada partido acabe determinando un juego de ­equilibrios y concesiones que establezcan las bases para la formación de un nuevo gobierno.
En cualquier caso el desprestigio del sistema se aprecia en el desgaste del legado de Hollande como presidente y la pérdida de credibilidad del Parti Socialiste, que bajo su candidato Benoit Hammon ha dado un giro hacia la izquierda, en el que parece competir por un espacio y un perfil de votante que está sabiendo capitalizar mejor Jean-Luc Mélenchon, irredento Rolling Stone de la ­izquierda francesa.
Tampoco la derecha escapa del maximalismo ideológico de su candidato François Fillon, que pese a la pérdida de ­credibilidad tras haber cometido una irregularidad, sigue con opciones de pasar a la ­segunda vuelta.
En este contexto, frente a la incertidumbre y el clamor social polarizador que provoca tanto en Francia como en Europa una hipotética victoria del Frente Nacional y el maximalismo ideológico de los 2 grandes partido de centro-izquierda y derecha, parece ser el candidato Emmanuel Macron, social-liberal y europeísta, el único capaz de presentar una alternativa que, en un manos mano contra el Frente Nacional, no encuentre reticencia por parte de uno de los dos lados del espectro ideológico.
Lejos de la grandilocuencia y la ortodoxia de los debates sobre grandes teorías económicas y sociales, el debate paradigmático se centra hoy en cuál es la respuesta es la más conveniente para aprovechar las oportunidades y enfrentar las amenazas del mundo globalizado.
* El autor es politólogo