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tribuna libre

ENRIQUE SANTÍN

Horas decisivas

13.10.2017 
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HOY se puede decir que "el tiempo se acaba" y que el enfrentamiento entre la legalidad constitucional y la subversión antidemocrática del separatismo catalán es inevitable. Por eso, no estamos, como dijo Oswald Spengler, en años decisivos sino que vivimos y vamos a vivir horas decisivas para la defensa y subsistencia de España como nación.

Siempre se ha dicho que el tiempo huye, "tempus fugit" pero, actualmente, la situación es, como la calificó Felipe VI, en su mensaje del día 3, "de extrema gravedad". Asistimos a un duelo fratricida, que los rebeldes vienen anunciando con años de antelación sin que los poderes del Estado hayan acertado a contenerlo o impedirlo.

Es lamentable que, ante la contumacia en la ilegalidad del mundo separatista, se le venga oponiendo la repetida advertencia o amenaza de que "caerá sobre ellos el peso de la ley". Esta "cantinela" no inmuta a los separatistas; más aún, les suena a vacío y ni la escuchan.

Es triste reconocer que el separatismo catalán estableció una hoja de ruta con publicidad y antelación, que vino cumpliendo, a la vista, ciencia y paciencia de los poderes del Estado.

No querer o no saber "actuar a tiempo" y confiar, con menosprecio, en que se trataba de "meros fuegos de artificio" es ignorar que las "cañas se vuelven lanzas" y que, ante los hechos que se están produciendo, no cabe hablar de peligro, cuando realmente éste ya se ha producido con sus negativas consecuencias.

Es increíble que se pudiera pensar que los instigadores y dirigentes nacionalistas iban a deponer su actitud o desistir de su obsesión o "delirio". Éste, como se sabe y nos enseña la siquiatría, consiste en una perturbación mental monotemática que obnubila el conocimiento en relación con el tema exclusivo del fin y motivo que persigue.

Es preocupante que, encendida la llama y prendido el fuego del separatismo, los políticos defensores del Estado de Derecho y del orden constitucional, se dedicaran más "a mirarse de reojo" para ver cuántos votos se arañaban unos a otros que a atajar el mal que amenaza con romper España.

Siempre es bueno y posible rectificar; pero si no se hace a tiempo, los daños son irreversibles y la solución se hace, cada vez, más difícil y peligrosa.

En definitiva, llegados a "este punto de ignición" es obligado reconocer que "a grandes males, grandes remedios". Todo, menos discutir cómo se apaga el fuego, cuando éste se propaga y no se extingue si, realmente, no se ponen todos los medios para sofocarlo.

Jurista y exprofesor universitario