El Correo Gallego

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LA OPINIÓN

DANIEL SÁNCHEZ-HARGUINDEY

Durant, príncipe de la era del 'small ball'

14.06.2018 
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LA DECISIÓN de Durant de unirse a un equipo ya repleto de estrellas fue criticado por desequilibrar la liga. Curry, Thompson y Draymond Green suponían ya mucha dinamita, a la que la llegada del alero hizo mantener la mecha. El tiempo le dio la razón. El de Maryland levanta su segundo título consecutivo siendo además nombrado en ambas finales MVP, un logro que le dispara hacia la zona noble de los mejores de siempre. Lo que no consiguió con Harden, Westbrook e Ibaka lo ha logrado en un equipo de leyenda, el rey de la era del small ball. Porque en el planteamiento que dio a luz Steve Kerr de usar quintetos bajos, Durant supone una arteria principal que eleva a otro nivel este concepto. Un 2,11 capaz de defender a hombres altos, de rebotear y, a la vez, de disfrazarse de play maker en ataque, de ejercer de tirador letal, de penetrador, e incluso, últimamente de pasador. La simbiosis con Green como anclas de este concepto sustenta una filosofía que a punto ha estado de suponer también la kryptonita para sus exponentes. Los Rockets de Mike d'Antoni fueron los únicos capaces de meter en problemas a los de Oakland forzando el séptimo partido en el que fue baja, además, Chris Paul. Como se intuyó, fue una final anticipada, porque los Cavaliers colocaron una alfombra roja ante la desesperación de un solitario Lebron James. Y esos Rockets plantearon una versión aún más alocada del small ball, con quintetos en el que ninguno de sus dos hombres alcanzaba los dos metros y en medio de un arsenal de triples. Les pagaron con la misma moneda y casi los mandan a la lona. Pero no conviene subestimar el corazón de un equipo campeón. Steve Kerr conquista tres anillos en cuatro temporadas en su primera aventura como entrenador principal, casi un Zidane, que equivale a tres seguidas siendo novato. Habitualmente, los técnicos no acaparan muchos elogios, pero tanto él como Pablo Laso han conquistado a sus críticos, porque llegar es difícil pero más es mantenerse. Mientras tanto, Curry se tiene que conformar con ser el Robin de Batman. Su papel siempre roza la excelencia, pero en la entrega de premios vuelve a recibir el Oscar al mejor actor secundario. Sus últimas campañas regulares han brillado por sí solas, lo cual contrasta con sus finales, en la que la exigencia física hace evaporar su manantial de talento. Ahora, tanto Green, Thompson, Iguodala, como él, ya empatan a Lebron con tres anillos. Mientras, el Rey, deshoja la margarita de su futuro, el encargado de equilibrar la Liga o luchar por el bipartidismo.