El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Opinión » Firmas

LOS REYES DEL MANDO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Coser y cantar

14.02.2018 
A- A+

EL NUEVO ‘talent show’ de Televisión Española, ‘Maestros de la costura’, pretende seguir, supongo, con esa gallina de los huevos de oro que la cadena pública ha encontrado en este tipo de formatos. No es la única televisión, desde luego, que insiste en estas pruebas de nominación y eliminación: ahí está la BBC, sin ir más lejos, y muchísimas cadenas del mundo que aspiran a emitir estos formatos globales prácticamente clónicos. Después de ‘OT’, que al parecer ha regresado con energía a las parrillas tras aquellos días de oro, hace ya tanto tiempo, Televisión Española necesitaba algo que pudiera tirar de ciertos segmentos de audiencia, esos que se pirran por la búsqueda catódica de los talentos. Más de lo mismo, vaya. ‘Maestros de la costura’ y ‘OT’: coser y cantar.

Sin embargo, este concurso de talentos bebe sobre todo de ‘Masterchef’, un pelotazo sociológico global (no diré culinario, porque nadie aprende a cocinar viéndolo). Por lo que sea, la moda, o la costura, no funciona en pantalla de la misma manera. La similitud entre ambos programas es enorme, como cabía esperar considerando quiénes son sus responsables, pero la plasmación televisiva difiere mucho porque el ritmo de la cocina es sin duda muy diferente del ritmo de un taller de costura. También influye el hecho de que todos estamos muy interesados en la comida, seamos capaces de freír un huevo o no, mientras el interés en la moda creo que no es tan generalizado, y se concibe como algo exterior a nosotros y a nuestro desempeño doméstico. Nos gustaría guisar de fábula, seguro, pero no sé si nos gustaría tanto coser un dobladillo. ‘Masterchef’, ahora muy consolidado, parece apelar a una audiencia más amplia, más implicada, mientras ‘Maestros de la costura’ parece más específico, y ello a pesar de la importancia de la moda en la historia y la cultura de un país.
La puesta en escena de este ‘talent show’ es inferior a ‘Masterchef’, pero a ratos resulta más natural. Hay un buen trabajo de ‘casting’ que da vida a la monotonía del pespunte tras los cristales, pues a estas alturas nadie da puntada sin hilo y ya se sabe que los rifirrafes entre el jurado y los concursantes son el perejil de todas las salsas y el boatiné de todas las batas. Lorenzo Caprile ejerce, como él mismo vino a sugerir, de cascarrabias con experiencia catódica ilimitada, y buena disposición ante las cámaras: funcionará, seguro, pero me maravilla que todos estos concursos talentosos presenten siempre jurados cortados por el mismo patrón. Ese lenguaje, sea prepotente o desabrido, es parte indiscutible del morbo. Los primeros enfrentamientos dialécticos, de diseño o no, recuerdan mucho a los que otros jurados televisivos han protagonizado: nada nuevo, la verdad.

Ignoro si una nueva generación volverá a aficionarse a pasar el tiempo entre costuras gracias a la llegada de este formato ya conocido en otros países, pero al menos servirá para aumentar la cultura general sobre los maestros de la moda (ahí apareció el legado de Pertegaz) y para valorar el hecho de coser casi tanto como el hecho de cantar. Y de cocinar. Es verdad que la gastronomía y la moda han sido, y quizás son, dos sectores punteros de nuestra proyección internacional. Eurovisión… es otra cosa.