El Correo Gallego

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CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

Gallegos y lusos

17.02.2017 
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THE economy, stupid. La famosa interjección de Clinton (Bill) en su exitosa campaña, ayuda a explicar el estupor que la automoción gallega siente ante la competencia portuguesa. ¿Pero no formábamos Galicia y el Norte de Portugal una unidad de destino, si no en lo universal sí bastante duradera? ¿No formamos eixos, arcos y eurorregiones con el ánimo de complementarnos e ir de la mano? Todo eso es cierto pero en el fondo de los buenos propósitos latían objetivos antagónicos. Lo expresa con desbordante sinceridad el portavoz de los industriales metalúrgicos gallegos, al decirle a la compañera Maite Gimeno que “queremos ser aliados de Portugal, pero para ser líderes”. Lo malo es que al otro lado del Miño piensan lo mismo. Creer que los entrañables vecinos no iban a utilizar sus ventajas comparativas salariales o su suelo empresarial casi regalado, era una ingenuidad. Lo están haciendo.
Ocurre lo mismo en el mercado aeroportuario dónde Sa Carneiro compite sin miramientos con Peinador, en una guerra comercial que se traslada al campo político para convertir a Rui Moreira y Caballero en enemigos íntimos. La sorpresa que produce el vecino que arrebata empresas y pasajeros, se debe tal vez al cliché todavía vigente del portugués pasivo y sumido en una especie de sopor con el que uno se puede aliar con la convicción de que él será el subalterno y nosotros los jefes, tal como explicaba el portavoz metalúrgico. A eso se le llama complejo de superioridad. Puede ser útil siempre y cuando los otros estén aquejados del complejo de inferioridad. Pero ese prototipo lusitano quedó superado por Mourinho en el fútbol y ahora por autoridades y empresarios que practican dumping sin rebozo.
Otro error fue pensar que los indudables lazos culturales garantizan por sí mismos una relación económica equilibrada. Se olvidó aquella frase de Clinton con la que llegó a la Casa Blanca. En la relación con el Norte de Portugal se repite la ilusión de los nacionalistas que vieron en Galeuska un armónico tríos de nacionalidades histórica que se apoyarían mutuamente. Ahí están los nacionalismos vasco y catalán a la cabeza de los detractores del Ave gallego, para demostrar que los intereses se imponen muchas veces a la historia. ¿Supone lo dicho que hay que empezar a ver al amigo portugués como adversario? No. Se trata de entender que la proximidad unida a las diferencias de costes, encierra beneficios y amenazas. A veces ganaremos y en ocasiones perderemos. Como le pasa a Mou. Verlo de otra forma es seguir incurriendo en una ilusión ilusa.
Periodista