El Correo Gallego

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CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

El dependentismo

12.10.2017 
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A pesar de su retórica antiespañola el secesionismo catalán ha reiterado en su historia la célebre sentencia del almirante gallego: "Más vale honra sin barcos que barcos sin honra". Varias derrotas épicas jalonan su trayectoria, empezando por el episodio que inspira Els segadors y acabando por la frustrada rebelión de Companys contra la República. Es verdad que son fracasos pero bonitos, legendarios, pasto para poetas que exaltan la nacionalidad y políticos sin mayores argumentos para su discurso. En eso el catalanismo no se aparta para nada del españolismo rancio bien representado por don Casto. Puigdemont tenía en sus manos seguir la tradición y edulcorar el previsible fracaso de su proceso con gestos grandiosos que tuvieran su sitio en la posteridad, como por ejemplo, salir al balcón exhibiendo la declaración de independencia en medio del jubilo popular. No habría barcos pero al menos quedaría la honra.

Pues ni eso. No hubo balconing ni una frase lírica desde la tribuna parlamentaria. Los historiadores apologetas del nacionalismo no tienen materia prima para este día señalado. Tendrán dificultades para explicar que hubo un presidente que se dividió en cuatro personas para proclamar, suspender lo proclamado, y finalmente, suscribir lo que estaba suspendido, no sin antes pedir diálogo no se sabe si sobre la proclamación, la anulación o la suscripción. Dirán ustedes, perspicaces lectores, que hizo un poco el gallego y que por ello habría que considerarlo gallego adoptivo en lugar de denostarlo. Algo de razón tienen. El mandatario se hizo dependentista y pareció sugerir una independencia dependiente de las circunstancias que podría estar en vigor en días alternos. Pura galleguidad.

Sin embargo es una galleguidad a la que solo se recurre al final, después de haber proscrito todos los tonos grises, todos los matices y medias tintas que había en la sociedad catalana. Suele suceder con el nacionalismo extremo que desnaturaliza a los pueblos que dice representar en exclusiva. Un Tardá tiene muy poco que ver con el catalán medio anterior a la insurreción. La exaltada Yolanda Díaz que vimos desaforarse en el Congreso en apoyo a Puigdemont es mucho menos gallega que Rajoy en sus actitudes. En cambio no hay nada más parecido a un nacionalista feroz que otro de diferente territorio. ¿Qué diferencia ven entre Rufián y Otegi? En fin que esta insurgencia ni siquiera supo salvaguardar la épica que requiere este tipo de acontecimientos. Gracias al depende, el pueblo gallego atravesó momentos complicados de la historia. Este mal imitador de Companys ha querido copiarlo (sin pagar derechos de autor), pero lo hace a destiempo y se está quedando sin barcos ni honra.

Periodista