El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Opinión » Firmas

crónica personal

PILAR CERNUDA

Aquí nadie sabe nada

17.04.2018 
A- A+

NADIE sabe nada. Nunca. Empezó Felipe Gonzáles no sabiendo nada sobre Filesa o los Gal, en el PP ni Aznar ni Rajoy se enteraron de que había gente de su partido trampeando con la financiación, sin preguntarse nunca cómo se pagaban las campañas electorales, y ahora se produce la misma estrategia ante los ERE andaluces, el que suma las cantidades más abultadas de todos los conocidos y del que no tuvieron noticia detallada ni Chaves ni Griñán, según han declarado estos días. Luego está lo de Cataluña, aunque ahí ya ha sido más difícil para los dirigentes de CiU negar la mayor porque sus colaboradores más cercanos y empresarios muy afines han dado cuenta exacta de cómo funcionaba lo del 3 por ciento y todo lo demás.

De estas historias de financiación presuntamente ilegal no se salva nadie excepto Ciudadanos. Puede ser por una cuestión de honradez, confiemos en ello, pero también hay que tener en cuenta que al rechazar Rivera cualquier responsabilidad de gestión para nadie de su partido, difícilmente podían acercarse donantes de bolsillo generoso cuando no había contratos que adjudicar. El PNV hace como que es ajeno a todas las historias de presunta financiación ilegal, pero estos días se ve el caso Bilbao, de presunta financiación ilegal del partido en Vitoria. En cuanto a Podemos, tendrían mucho que explicar sobre la ayuda financiera de Venezuela e Irán, pero los podemitas crujen a través de las redes sociales a cualquiera que ponga en cuestión sus finanzas, y han conseguido que nadie se haya dedicado a investigar en profundidad la procedencia de sus dineros, no vaya a ser que le echen abajo su carrera política o periodística.

Se quejan los políticos de su mala imagen, y razones hay para la queja; son multitud los que realizan su trabajo con honradez y un porcentaje mínimo los que se dedican o se han dedicado a las fechorías. Pero la insistencia en no sabía, me enteré por los periódicos, somos víctimas de una campaña de desprestigio o no hay pruebas ni puede haberlas, echan leña al fuego de quienes desconfían de toda la clase política en general y de la que ha gobernado en particular.

Se echa de menos que salga un responsable valiente, capaz de reconocer que en este país las campañas electorales eran imposibles de costear si no había empresas que se hicieran cargo de algunas de las facturas. Empresas que en la mayoría de los casos cooperaban con determinado partido para impedir que ganaran otros, y no siempre por motivos crematísticos sino ideológicos. Aunque también había desalmados que pasaban el cepillo prometiendo a cambio contratos millonarios de los que, encima, los propios desalmados se llevaban un porcentaje.

Mirar para otro lado servía para declarar al juez, si llegaba el momento, que no sabía nada de lo que estaba pasando. Quizá sea cierto, pero un dirigente está obligado a saber todo lo que ocurre en su entorno.

Periodista