El Correo Gallego

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ABEL VEIGA

Nuevos con olor a viejo

17.02.2017 
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VINIERON a la política destilando un aroma a nuevo, a cierta ruptura impregnada en mayores dosis de representatividad directa. Nos mostraron su desparpajo al hablar, su realismo, su pretendida cercanía con los problemas directos y tangibles para los ciudadanos, con verbo rápido, mordaz, directo, y conciso. Su rabiosa juventud aventaba a los cuatro vientos la sórdida penumbra de corrupción y añejas formas y autoritarismo de los dos viejos partidos. Parecía que los iban a barrer.
Que el poder y el cielo se alcanzaba con un leve chiscar de dedos y un susurrar demagógico y ranciamente populista que embriagaría a millones de ciudadanos. Bastaron tres elecciones para de la sorpresa, pasar al miedo y de éste al realismo y la contención. Pues si en las europeas fueron un aviso y una sorpresa para muchos incluso que no les votaron agradable y que simbolizaba la válvula de escape a tanto cansancio y arrogancia de quiénes gobernaban y a la nula reacción frente a la corrupción, en unas elecciones autonómicas y municipales a muchos se les metió el miedo en el cuerpo pero también en el alma. Las dos últimas elecciones generales han devuelto dosis de realismo pero también de contención tanto a Podemos como a Ciudadanos. Ambos tocaron techo. Y por lo que dicen, por lo que hacen, por lo que plantean difícil o nunca serán capaces si siguen pertrechados en estas danzas en romperlo. Tampoco Podemos que perdió en 2016 la esencia y la entidad, la oportunidad y el momento de hacer algo distinto a discursos, soflamas y vaguedades.
La democracia de boquilla, la democracia de los profesores que nos enseñan y corrigen a todos cuan estamos equivocados funciona unos días, unos meses, pero acaba cayéndosele la careta. Los procesos con tintes y ribetes de purgas intestinas que se suceden en Podemos y el divorcio y fractura que en las élites están protagonizando Iglesias y Errejón simboliza el punto y final de una etapa de construcción abortada antes del éxito. La cotidianidad de la política parece que cansa a estos aventureros que soñaron con conquistar oropeles y atalayas que les vienen muy grandes. Allí donde gobiernan, ayuntamientos y apuntalan a algunos gobiernos autonómicos dejan francamente mucho que desear. La gestión les aburre, les parece melifluamente marginable.
Iglesias avisa que no permitirá corrientes, ni fracturas. Aquello de los círculos era un mero teatro callejero que estaba bien para una foto maquillada de periódico pero sin aras ni alas de continuidad. Tanto a Iglesias como en menor medida a Rivera les molesta y mucho que se cuestionen sus decisiones.
Profesor universitario