El Correo Gallego

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PILAR CERNUDA

El 155, en marcha

12.10.2017 
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DE repente, la luz, o cierta luz. A la negritud de la tarde noche del día 10, negritud sobre todo cuando se concretó la idea de que Puigdemont había dado luz verde a la independencia -el documento que firmaron después del pleno los diputados de Junts y la CUP era inequívoco- siguió una cierta esperanza al acordar Rajoy y Pedro Sánchez, en su reunión también nocturna en La Moncloa, que el líder socialista apoyaba el inicio del procedimiento para aplicar el artículo 155 de la Constitución y que Rajoy aceptaba abordar una reforma de la Constitución. El acercamiento entre los dos dirigentes políticos cambia el panorama político: apacigua el tremendismo, y pone algo de optimismo, en el pesimismo con el que España entera, Cataluña incluida, veía el futuro.

Rajoy compareció ante el Congreso para exponer su posición frente al desafío independentista. No dijo nada distinto a lo que había expresado hasta ahora, pero su semblante no era tan preocupante. Explicó por primera vez sus negociaciones con Artur Mas y sus exigencias, por qué no fue posible continuar el diálogo, desmenuzó todo lo que ocurrió el 1-O, elogió a Cataluña y a su ciudadanía, dio cifras sobre cuál había sido el apoyo económico dado por su Gobierno. De alguna manera quería demostrar su respeto, admiración y afecto hacia los catalanes, pero no a su actual Gobierno.

No fue su discurso, ni el apoyo del PSOE y Ciudadanos al Gobierno, lo más relevante del día posterior al día en el que Puigdemont abrió, de especial manera, la puerta a la independencia. De especial manera para eludir la acción de la Justicia, pero el documento firmado por su Gobierno y por sus parlamentarios dice lo que dice, así que si intenta engañar en su respuesta al requerimiento presentado este miércoles lo tiene difícil. Aunque es tanta la desfachatez demostrada por su partido y por él mismo para presentar como ciertas las mentiras más asombrosas, que no extrañaría que respondiera a requerimiento negando la proclamación de independencia. Uno de sus diputados osó presentar en el Congreso una portada del The Economist de hace cinco años en la que se expresaba el dolor de España por su crisis económica. Guillaume pretendió hacerla pasar por una portada actual con el dolor por la forma en la que se estaba gestionando la lucha por la independencia.

La esperanza la ha producido el acuerdo entre Rajoy y Sánchez respecto al 155, pero también que se inicia una época de diálogo entre los dos partidos mayoritarios. También se ha visto como algo letal para Puigdemont, en el plano político, la ruptura de la CUP con el Gobierno catalán. Ruptura que hoy es una evidencia, aunque en política nunca se sabe cuánto duran. La debilidad de Puigdemont es tan manifiesta que incluso puede perder el Gobierno. Si la Justicia o la aplicación del 155 no llaman antes a la puerta de su despacho.

Periodista