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MONSEÑOR JULIÁN BARRIO, ARZOBISPO DE SANTIAGO

“Tenemos la mitad de sacerdotes pero las mismas necesidades”

“Hemos pasado de 700 a 400 sacerdotes, pero la población no ha descendido. Las necesidades son las mismas, pero los recursos menos, y hay que adoptar medidas” // “Todos los programas de rehabilitación están orientados a que en el Año Santo compostelano de 2021 la Catedral pueda lucir no ‘maquillada’ sino con todo su esplendor ”

Monseñor Barrio en el palacio arzobispal. - FOTO: Fernando Blanco
Monseñor Barrio en el palacio arzobispal. - FOTO: Fernando Blanco

SANTIAGO. CARLOS DEAÑO  | 07.02.2018 
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El arzobispo compostelano, monseñor Julián Barrio, celebrará en el día de hoy sus veinticinco años como obispo, primero como auxiliar, y después, tras la marcha de monseñor Rouco a Madrid en el año 1996, como titular de la Archidiócesis de Santiago. Con tal motivo, la Catedral acogerá esta mañana, a las 12.00 horas, una misa de acción de gracias. Luego, a las 13.30 h., habrá un acto académico en el Auditorio de Abanca.

Comenzaremos por un recuerdo de cómo era la situación del Arzobispado cuando llegó.

Como recuerdo significativo tengo el agradecimiento por todo lo que se había hecho por mis predecesores. La Iglesia compostelana ofrecía las posibilidades para seguir avanzando en el dinamismo pastoral atento a los signos de los tiempos.

Llegó justo para la celebración del Año Santo de 1993.

y no me imaginaba algo tan impactante desde el punto de vista pastoral. Fue un año de un gran trabajo y se me pasó inmediatamente. Me sirvió para adquirir mucha experiencia. En general, han sido años muy fructíferos y de mucho trabajo, muy intensos, pero tampoco me agobió el trabajo. He tenido la oportunidad de vivir unas experiencias muy enriquecedoras, no solo con las autoridades sino con la gente de las parroquias.

Entre los acontecimientos vividos estos años destaca la visita papal de Benedicto XVI.

La recuerdo con mucho gozo. Siempre que un papa visita una diócesis deja una impronta. El papa ya había venido en 1982 y en el 89, pero no estaba. La de Benedicto XVI fue un momento muy importante, y gracias a Dios resultó todo bastante bien.

¿Cómo podría considerar su compromiso episcopal?

Han pasado veinticinco años y mi compromiso en el ministerio episcopal ha sido seguir edificando y animando a la comunidad diocesana, buscando la renovación eclesial sin autoreferencialismo y sabiendo que ni el que planta es nada ni tampoco el que riega, sino Dios, que hace crecer, como escribe san Pablo. Somos colaboradores de Dios. Lo importante es no caminar solos. En medio de esta rica y compleja realidad que es la Diócesis, he caminado unas veces delante para indicar el camino, otras en medio con una cercanía sencilla y misericordiosa, y otras detrás para animar a los rezagados.

¿Qué cambios destacados se produjeron en estos años?

Iniciaba mi pontificado con la pastoral Confiados en la Palabra del Señor y un congreso eucarístico diocesano. Posteriormente tendríamos también la celebración de un congreso eucarístico nacional, que contribuyeron a tener como referentes en la pastoral diocesana la Palabra de Dios y la Eucaristía. Me siento agradecido por toda la labor evangelizadora y social que ha ido realizando Cáritas en favor de los más necesitados. Me alegra mucho que la vida consagrada tenga una mayor implicación en la pastoral diocesana; que los laicos se sientan corresponsables en la parroquia y organismos diocesanos, y que los sacerdotes, más allá de una pastoral de mantenimiento, estén implicados en una pastoral misionera, evangelizadora.

¿Cuál de todas considera más importante?

Entre otros muchos frutos está la configuración de las escuelas diocesanas de agentes de pastoral, que serán una gran ayuda para la corresponsabilidad de los laicos en la pastoral, y la creación de las unidades pastorales para dar respuesta a las necesidades que se nos presentan, dado el menor número de sacerdotes. En todo este dinamismo tengo que agradecer la gran colaboración de los organismos diocesanos y de las personas: sacerdotes, miembros de vida consagrada y laicos, reconociendo el misterio y la actuación de la gracia de Dios.

Una característica de estos años ha sido la buena sintonía con los poderes públicos.

Es algo para mí característico de esta diócesis, no digo que en otras no exista, pero este buen entendimiento yo creo que es muy positivo para todos. Estamos en una ciudad que tiene una referencia en todo el mundo. No deja de ser una de las tres principales metas de peregrinación de la cristiandad, junto con Roma y Jerusalén. Cualquier esfuerzo es poco para hacerla lo más acogedora posible para tantas personas que nos visitan, y que les tenemos que dar un valor. No podemos ser personas que observen, que vean venir, que vean marchar y quedar un poco impasibles. Nos tiene que afectar muy personalmente.

La peregrinación y la influencia de Santiago fue muy grande a partir del Año Santo de 1993...

Estamos cuidando lo mejor posible el significado de la peregrinación jacobea y del sentido del Camino de Santiago. Esto ha conllevado preparar la celebración de los Años Santos Compostelanos correspondientes a este período: 1999, 2004 y 2010. Vemos que el número de peregrinos ha ido creciendo año a año, y esto ha supuesto que hayamos tenido que buscar la forma de ofrecerles la acogida necesaria, no sólo material sino sobre todo espiritual, intentando acompañarles en su búsqueda y dando respuesta a sus preguntas.

¿Qué cambios hubo en la administración de la Catedral?

Fueron cambios necesarios para responder a las necesidades de una administración que responda a las exigencias actuales. En ningún aspecto es bueno que digamos que las cosas se hicieron siempre así y que vamos a seguir haciéndolas igual. Esta actitud pondría en evidencia que no nos damos cuenta de que muchas cosas han cambiado en nuestra legislación, a la que no podemos ser ajenos. Hoy se nos pide en la Iglesia que la administración de los bienes sea lo más eficiente posible y por supuesto transparente. En la Iglesia nunca partimos de cero, sino que vamos avanzando sobre lo que nos dejaron.

También hubo un importante cambio sociológico.

Muy importante. Cuando yo llegué eran cerca de setecientos sacerdotes y hoy son poco más de cuatrocientos; las órdenes religiosas han cerrado algunas casas, pero en cuanto a población seguimos más o menos igual. La Diócesis no ha perdido población, y las necesidades que se nos plantean siguen siendo las mismas, pero hay menos recursos. Estamos buscando una solución; se ha cambiado la configuración; se han suprimido arciprestazgos, se han hecho las zonas pastorales. El sínodo nos ha ayudado a tratar de ver la realidad en la que nos encontramos.

¿Qué repercusiones tendrá?

Va a tener muchos frutos, y yo creo que uno de ellos son las escuelas diocesanas de agentes de pastoral, que para mí ha sido una respuesta gratamente sorprendente, porque el hecho de que mil y pico de personas se hayan inscrito en estas escuelas, con la preocupación de formarse lo mejor posible, es muy importante, porque hay cosas a las que los sacerdotes no llegan y los laicos deben de afrontarlas. Por ejemplo, la labor caritativa, la de catequesis, la visita a los enfermos, la administración de las parroquias, lo puede hacer perfectamente el laico. Pero claro, decían: no nos pidan aquello para lo que no nos han formado. Estas escuelas creo que nos van a ayudar a dar respuesta. Y después, las unidades pastorales, donde vamos a encontrar mayor dificultad, porque la gente está muy unida a su parroquia, pero la configuración de la Diócesis, tal y como estamos, conlleva estos cambios, que a veces son dolorosos. Las unidades pastorales, que sería la reagrupación de ocho o diez parroquias, con la finalidad de atenderlas con un sacerdote, un religioso o religiosas, si los hay, y un grupo de laicos, sería la fórmula. El papa siempre nos repite que no podemos justificarnos diciendo que hacemos las cosas como se han hecho siempre, tenemos que tener una pastoral más misionera, más evangelizadora, una pastoral en la que toda la comunidad cristiana, cada uno según su vocación, se sienta implicado.

También ha mejorado mucho la recepción a los peregrinos.

Aparte de la preparación del Centro Internacional de Acogida, del que tenemos muy buenas sensaciones dentro y fuera de nuestra geografía, se están haciendo no pocos esfuerzos en la acogida, tratando de responder a las inquietudes y preocupaciones de los peregrinos. Es muy laudable la labor que está realizando el equipo de la Oficina del Peregrino, cuya responsabilidad recae sobre el deán de la Catedral.

Además del aspecto material está también el espiritual.

Una de mis preocupaciones fundamentales es que la peregrinación y el Camino no se desvirtúen, porque si pierden la dimensión espiritual se convertirían en una realidad inerte, no tendría sentido. Y creo que estamos haciendo dentro de nuestras posibilidades lo mejor para lograr esta realidad. Ahí ninguno sobramos, creo que todos podemos colaborar en esta inquietud.

Dentro de la preparación del Año Santo están también los programas de rehabilitación.

Todos están orientados a que en el Año Santo Compostelano 2021 la Catedral pueda ofrecer un rostro no meramente maquillado sino plenamente restaurado, de forma que pueda mostrar toda la belleza que atesora y continúe siendo un referente no sólo en el ámbito cultural sino sobre todo en el espiritual. El director de la Fundación Catedral está siguiendo con detalle la realización de esos programas.

Para finalizar, ¿qué balance haría de estos años?

Mi balance es tratar de dar gracias por el pasado, intentar asumir el presente que me toca con la mayor responsabilidad, y mirar al futuro con confianza, que tenemos que tratar de intuir y prepararlo en el presente, porque no es que venga solo. No es que no haya dificultades, porque sería un optimismo iluso tratar de negarlas, pero no hacer las cosas porque