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XXVIII EDICIÓN DE LOS GALLEGOS DEL AÑO

Marta Moreiras, fotógrafa compostelana que usa la cámara para explorar el mundo

Con una sobresaliente carrera profesional ha sido distinguida por el Grupo Correo Gallego para ingresar en el selecto club Gallegos del Año // “La fotografía es un modo de vida”, dice

ÁNGEL ARNÁIZ. SANTIAGO  | 03.09.2017 
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Marta Moreiras, una compostelana nacida en 1981, es una fotógrafa con una dilatada trayectoria internacional con un reconocido prestigio en el difícil mundo de la imagen. Lleva la fotografía en la sangre y para ella es “un modo de vida y lo utilizo para casi todo”, afirma rotunda.

Marta asegura que la fotografía para ella “es una herramienta que uso para explorar el mundo, me ayuda a entenderlo y asimilarlo”. Con una carrera imparable y sobresaliente, premiada en medio mundo, en pleno verano le llega uno muy especial. El Grupo Correo Gallego ha decidido distinguir su excelente labor ­profesional. Por esta razón, el selecto club Gallegos del Año la acoge este mes de agosto como flamante miembro.

VALORES HUMANOS. Su trabajo personal se centra en distintos aspectos relacionados con el paisaje y con los valores humanos como elementos determinantes de la cultura y la identidad. Especialmente interesada en la educación, imparte talleres de fotografía participativa desde 2012 en los barrios periféricos de Londres, en el rural gallego o en las aldeas de Senegal. Trabaja con distintos colectivos para, a través de la fotografía, formarlos y empoderarlos en su propio entorno social: mujeres de pescadores en pueblos costeros de Senegal, lideresas femeninas de Dakar, colectivos con diversidad funcional, adolescentes en riesgo de exclusión social en los suburbios de Londres, jóvenes estudiantes en pueblos del interior de Galicia. Usa la fotografía como una herramienta de comunicación y conocimiento, como un método para observar la realidad y desarrollar las capacidades creativas de los participantes.

Todos sus trabajos, profesionales o personales, exploran y plasman su gran preocupación por las consecuencias que derivan de la globalización, un proceso imparable que está transformando el mundo, un mundo cada vez más deshumanizado.

LENGUAJE UNIVERSAL Marta Moreiras explica que la fotografía “me ayuda a conectar con la vida y con las personas, a comunicar historias que me encuentro y parecen importantes”. Remarca que le interesa la fotografía “por la inmensa capacidad que tiene para transmitir emociones”.
Subraya además Marta que la fotografía “tiene un lenguaje propio y es universal, algo que también me interesa mucho, que llegue a todos”, afirma.

Explica que hoy vivimos en un mundo rodeados de imágenes y considera que la fotografía “es un instrumento de comunicación muy potente y lo utilizo para documentar y compartir todo lo que aprendo de las personas y los lugares que conozco”, subraya.

PODER EVOCADOR. Moreiras relata que siempre le han fascinado el magnetismo y el poder cautivador de las imágenes, “creo que la fotografía me gusta desde siempre. De hecho, casi todos mis recuerdos están asociados a imágenes, mi memoria es puramente fotográfica”.

Cuenta que cuando era una niña, “mi padre nos hacía muchas fotos y me gustaba verlas y analizar todos los detalles. Alucinaba al ver las fotos y todavía me impresiona mucho cómo, con solo mirarlas, estas me transportan al lugar y al momento en el que fueron realizadas”. Agrega que algunas imágenes “me hacen incluso recordar lo que pensaba en ese momento. Las imágenes tienen un poder evocador extraordinario y una carga emocional difícil de alcanzar con otros medios”.

POR GUINEA BISSAU. A la hora de recordar momentos felices y agrios en su periplo fotográfico por el mundo, Marta relata que ha tenido muchos malos momentos y también muy buenos, “me resulta difícil escoger el peor o el mejor momento”.

No duda en afirmar que la fotografía, igual que la vida, “es un aprendizaje constante, te encuentras muchas piedras en el camino, pero también hay muchas recompensas inesperadas”.

Apunta que, curiosamente, a veces los peores momentos pueden ser también los mejores. Hace poco estuvo trabajando en Guinea Bissau, un país con una energía increíble, aunque con una realidad durísima, un lugar de una riqueza impresionante y una población extremadamente pobre, explica.

Prosigue que recorrió varias regiones del país para documentar las dificultades que atraviesan cada día las personas con discapacidad en un lugar donde nada funciona desde hace ya demasiado tiempo. El país vive en una situación de emergencia permanente y es totalmente ignorado por el resto del mundo, a nadie le importa lo que allí pase.

“Ha sido un viaje durísimo y he tenido que hacer historias desgarradoras. He disparado imágenes que me gustaría no haber hecho nunca, pero yo no decido lo que existe y lo que no, tan solo disparo lo que veo para poder contar lo que ocurre en uno de los muchos lugares olvidados del planeta”, cuenta.

“En el mismo sitio, te encuentras con historias de superación increíbles, con verdaderos héroes, familias y comunidades enteras que luchan día a día por la supervivencia y por el bienestar de quienes le rodean. Todo depende de las gafas con las que mires la realidad, te puede parecer espantoso o conmovedor”, sentencia.

PROFESIÓN DURA. Esta nueva Gallega del Año asegura que esta profesión “es muy dura” y, aunque reconoce que se puede vivir de ella, “hoy en día es muy complicado, sobretodo para la gente joven que está empezando”, precisa.

En España, según apunta, “la cosa está muy complicada, se paga muy poco por un trabajo que requiere una gran inversión y mucho esfuerzo”. Cuenta que hay muchos fotógrafos y muy buenos que no consiguen salir adelante, hay demasiados fotógrafos para la demanda de trabajo que existe. “Además, es una profesión en la que hay mucho intrusismo y el sector está muy castigado”, sentencia.

RECONOCIMIENTO. En cuanto a lo que suponen para ella los reconocimientos, Marta Moreiras, con 12 años de experiencia profesional a sus espaldas, confiesa: “Cuando una publicación, una galería o un festival de fotografía selecciona mi trabajo, siempre es una satisfacción y un chute de energía”.

Añade, “para mí, es una oportunidad de mostrar el trabajo y que la gente lo vea y, con suerte, le transmita algo y reaccione”.
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