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Lotfi Zadeh se fue, su legado jamás lo hará

El profesor Lotfi Zadeh en 2007 - FOTO: Archivo particular de Senén Barro
El profesor Lotfi Zadeh en 2007 - FOTO: Archivo particular de Senén Barro

SENÉN BARRO (EXRECTOR USC) // ALBERTO BUGARÍN (PROFESOR USC) // ALEJANDRO SOBRINO (PROFESOR USC)  | 13.10.2017 
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El pasado día 6 de septiembre falleció Lotfi Zadeh. Para la inmensa mayoría de ustedes seguro que era alguien desconocido, pero la ciencia y la tecnología le deben mucho y, por tanto, todos al final estamos en deuda con él. Zadeh fue el c­reador de la teoría de conjuntos difusos, de la que se derivaría la lógica difusa, una lógica capaz de tratar con conceptos imprecisos e inciertos. De hecho, la sinécdoque fuzzy logic, denominación en inglés de lógica difusa, nombra en general a todo el saber científico y hacer tecnológico que se ha derivado de los conjuntos difusos en su más de medio siglo de vida.

El profesor Zadeh nació en 1921 en Bakú, capital de la entonces República Socialista Soviética de Azerbaiyán. Estudió en Teherán ingeniería eléctrica y en 1943, ya licenciado, se fue a EE UU, donde completó sus estudios en el MIT y en la Universidad de Columbia. En 1959 se incorporó a la Universidad de California en Berkeley, y allí desempeñó ya el resto de su carrera académica.

El profesor Zadeh hizo importantes contribuciones en sus inicios al tratamiento de señales discretas en el tiempo. La temperatura ambiente medida cada minuto en una estación meteorológica es un ejemplo de señal temporal discreta. Pero realmente lo que ha situado al profesor Zadeh en la historia de la ciencia y la tecnología con letras de oro ha sido el haber creado los conjuntos difusos y haber sido el principal impulsor del inmenso desarrollo teórico y aplicado que vino detrás y que sigue ampliándose día a día.

Todos sabemos lo que es un conjunto, ¿verdad? Según la RAE es la “totalidad de los elementos o cosas poseedoras de una propiedad común, que los distingue de otros”. Así, podemos hablar con precisión del conjunto de las personas que tienen menos de 30 años o de los valores de temperatura entre 18 y 22 grados. Por otra parte, los conjuntos son colecciones de elementos que comparten una propiedad, que se predica con verdad si el elemento pertenece al conjunto y con falsedad si no pertenece a él. En estos casos, se trata de conjuntos clásicos o precisos. Así, para saber si son ciertas las expresiones “Juan es menor de 30 años” o “La temperatura de ayer fue de 21 grados”, bastaría con saber si “Juan” y “la temperatura de ayer” pertenecen a los conjuntos indicados anteriormente. Pero si hablásemos de las personas jóvenes o de temperaturas moderadas no podríamos hacer lo mismo. Por ejemplo, ¿se deja de ser joven en el mismo momento en que se cumplen un número dado de años, pongamos 30? Por supuesto que no. Todos entendemos que dejamos de ser jóvenes de forma progresiva. Estas expresiones difusas, que por otra parte impregnan nuestro lenguaje en la descripción que hacemos de un mundo que no encaja solo en los extremos blanco y negro, sino en toda la gama de grises intermedios, pueden representarse como “conjuntos difusos”, que son aquellos que pueden contener elementos que pertenecen a dicho conjunto de manera aproximada o imprecisa. Podríamos así decir que alguien con 30 años es joven, con 35 lo es con un valor medio y con 40 ya ha dejado de serlo. De esta idea, aparentemente simple e intuitiva, y de su formulación matemática –no ajena a la polémica–, se derivó un inmenso desarrollo teórico que ha servido a su vez de soporte para la computación de soluciones a muy diversos problemas: guiado de trenes o coches, control de sistemas complejos, enfoque en cámaras digitales, diseño de sistemas expertos en múltiples dominios del conocimiento y un larguísimo etcétera. Nos pueden dar una idea de ello las más de 50.000 patentes que están relacionadas con este campo.

Zadeh ha sido uno de los pocos científicos que ha saboreado en vida el éxito y el reconocimiento público por haber creado un nuevo campo del conocimiento. Se lo ganó por su inteligencia, por su osadía, defendiendo con criterio y acierto lo que aún hoy tiene no pocos detractores, y por ser una gran persona, querida por todos. Tuvo la genial idea de proponer y formalizar lo que una vez hecho a todos nos parece de sentido común, pero que hasta que él lo hizo nadie tuvo la lucidez y la sagacidad para lograrlo. Además, fue la persona que más ha hecho por extender el alcance científico y el impacto tecnológico de este nuevo campo. Realizando aportaciones científicas de forma permanente, algunas igualmente originales, como la teoría de la posibilidad o la computación con palabras; estimulando la realización de todo tipo de reuniones científicas y participando en muchas de ellas de forma generosa; ayudando a crear una inmensa comunidad internacional de investigadores y desarrolladores de aplicaciones, algo a lo que contribuyó con su excepcional personalidad y bonhomía.

España es uno de los países líderes en la investigación en la teoría de sistemas difusos y la USC una universidad de referencia en dicho ámbito, incluyendo su aplicación a muy diversos problemas. Sin ir más lejos, los resúmenes en texto de la pre­dicción meteorológica que nos da diariamente Meteogalicia para cada uno de los ayuntamientos gallegos los escribe un programa informático que utiliza una aproximación difusa y que ha sido realizado en el CiTIUS de la USC. Sin duda somos deudores del apoyo que en todo momento nos dio el profesor Zadeh y la alta consideración que tenía de nuestra investigación. De hecho, en 1996 fue conferenciante en el congreso más importante del mundo en lógicas polivalentes, de las que forma parte la propia lógica difusa, y que organizamos en Santiago de Compostela. Entonces nos dijo que veía muchas similitudes entre Japón y Galicia, como sociedades más de términos medios que de extremos –a ver si va a ser esta la razón de que los demás no sepan si subimos o bajamos la escalera–. Esta comparación surgió al preguntarle por la razón de que en oriente, y en particular, en Japón, tuviese tanto éxito y aprecio la lógica difusa. Aunque aquella fue su única visita a la ciudad, en las últimas dos décadas hemos tenido muchos momentos para disfrutar de él, de su creatividad y conocimiento, fuese bien en congresos científicos o en su propio centro de investigación en Berkeley. Para él, cualquier momento era bueno para hablar y trabajar y para nosotros. una oportunidad impagable.

Los que conocimos al profesor Zadeh estamos en deuda con la persona y todos con el genio que creó un nuevo ámbito del saber.