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Cuidados paliativos: cuando la vida se apaga

La del Virxe da Xunqueira de Cee es una de las unidades de Hospitalización a Domicilio que hay en Galicia para asistir a los enfermos terminales // Con una área de influencia que supera los 20 Km, "sempre hai algún recuncho que queda desatendido" // "Na Facultade ensináronnos que a morte era un inimigo que tiñas que vencer. E nesta área é case imposible que iso suceda"

Lucas Fernández, izquierda, Antón Barba, Rocío García, Sonia Fernández, Mª Jesús Vila y Paula Esteiro - FOTO: Cedida
Lucas Fernández, izquierda, Antón Barba, Rocío García, Sonia Fernández, Mª Jesús Vila y Paula Esteiro - FOTO: Cedida

ELVA OTERO. SANTIAGO  | 12.04.2018 
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A la muerte uno nunca se acostumbra. Es algo que está escrito desde el primer día. Muchas veces, cuando una grave enfermedad acecha o la edad se impone, empieza la cuenta atrás. El final del ciclo vital merodea y entra en escena la medicina paliativa, esa especialidad que se ocupa de dignificar la última etapa. Con el paso del tiempo, los integrantes de la unidad de Hospitalización a Domicilio (HADO) del Virxe da Xunqueira de Cee han ido aprendiendo a establecer una distancia emocional con el paciente. Divididos en dos equipos, dos médicos, Sonia Fernández Conde y Antón Barba Queiruga, y cuatro enfermeros, Rocío García Baña, Paula Esteiro Ramos, María Jesús Vila Fuentes y Lucas Fernández Fernández, recorren a diario una extensa ruta para visitar enfermos en fase terminal. Con un radio, que supera ampliamente el límite de 20 Km establecido por la mayoría de los equipos de HADO, la jornada laboral se organiza en función de la demanda y puede incluir paradas en puntos tan distantes como Mazaricos, Vimianzo, Muxía, Dumbría, Carnota, Fisterra, Corcubión… Aunque son muy necesarios, los servicios que prestan no son los más visibles del sector sanitario. Las familias no conocen su existencia hasta el momento en el que, por desgracia, se ven obligados a utilizarlos.

“O principal problema é que son zonas moi amplas e sempre hai algún recuncho que queda desatendido. Faría falta que aumentaran as áreas de influencia”, lamentan. Equipo unido, sin ansias de establecer jerarquías en la toma de decisiones ni en las rutinas laborales, no quieren que en este reportaje una voz sobresalga sobre las demás e insisten en reflejar sus declaraciones de forma conjunta. Con una población tan dispersa y una superficie de cobertura tan amplia, la distancia es un obstáculo importante. “Iso obríganos a desprazarnos a sitios moi distantes uns dos outros. Salvo que coincidan na mesma ruta, atender a todos os pacientes no mesmo día custa moito traballo”, advierten.

En el HADO de Virxe da Xunqueira no hay lista de espera. Al servicio se llega desde Atención Primaria o desde los distintos servicios del propio hospital. Organizados en dos grupos conformados por un médico y una enfermera cada uno, los recorridos se diseñan en función de las necesidades que van surgiendo. Es decir, al inicio de la jornada se supervisa cómo están los pacientes y, según el pronóstico, se decide si es necesaria o no la visita. “A relación é sempre moi directa”, puntualizan. Pocas veces toca ver a gente joven. En consonancia con el perfil demográfico de Galicia, prevalece el paciente de edad avanzada. “Cando precisan a nosa asistencia, case sempre ten que ver con múltiples patoloxías: tumores, úlceras de presión, insuficiencias de órganos en fase terminal, deterioro cognitivo severo...”, explican.

UNA DECISIÓN DE LA FAMILIA

La decisión de soportar la fase terminal en el hospital o en casa siempre corresponde al paciente o a su familia. A diferencia de otros centros, en el de Cee no hay camas habilitadas para este fin y si alguien se decanta por esta opción se le busca acomodo en otra planta. “O doente síntese máis arroupado na súa casa. Está no seu medio, acompañado da xente coa que vive, á que quere… É máis cómodo para todos, tanto para o paciente como para os que o rodean”, recalcan desde la unidad. Cuando uno tiene a un familiar ingresado, el trastorno es grande porque implica desplazamientos, largas estancias, permisos laborales… “Ademais hai patoloxías crónicas que nun hospital de agudos non teñen indicación. Por exemplo, se alguén cun deterioro cognitivo severo ingresa cunha neumonía, unha vez que se resolve o caso regresa á súa casa e alí seguen a tratarse outros problemas que vaian xurdindo”, abundan las mismas fuentes.

Aunque resulte más reconfortante, a las familias no siempre les agrada el ingreso en el domicilio. “Son incapaces de proporcionar os coidados axeitados ou de facer un bo control na casa e entón optan polo hospital”, aclaran. Es habitual que este tipo de unidades tropiecen con frecuencia con algo que se denomina conspiración del silencio. “Ocúltaselle a situación real ao paciente e, cando iso pasa, obrígannos a non decir nada. Iso rompe a relación médico-paciente porque, aínda que nós imos alí todos os días, el ve que non mellora”.

La especialidad de Paliativos no es precisamente una de las más llevaderas. Son muchos los profesionales que tienen que pedir un cambio porque se deprimen. “Na Facultade ensináronnos que a morte era un inimigo que tiñas que vencer. Se un paciente teu falece é un fracaso da Medicina e da Ciencia. E nesta área realmente é case imposible que iso suceda. Ninguén se cura”, sentencian. ¿Y cuál es el resorte mental para aguantar? “Cada un terá o seu. Ás veces tes que desconectar e ter coidado de non meterte en exceso na vida do paciente. Pero algo sempre che afecta, en particular cando se trata de alguén novo ou co que empatizas especialmente. Ten que gustarche”.