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Maxi Kleber: “Todavía me despierto y pienso: ‘¡Estoy en la NBA de verdad!’”

El ala-pívot recuerda su paso por el Obradoiro antes de debutar en la liga estadounidense con los Dallas Mavericks // “Aquella temporada me ayudó muchísimo”, subraya el jugador alemán acerca de su año en Santiago

‘DOUS DOS NOSOS’ Kleber, izquierda, con Mejri - FOTO: MK
‘DOUS DOS NOSOS’ Kleber, izquierda, con Mejri - FOTO: MK

ÓSCAR DE LA FUENTE. SANTIAGO  | 13.10.2017 
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Dejó huella en el Monbus Obradoiro. Por su juego y por su carácter, todo simpatía. Por eso siempre será, como suele decir Moncho Fernández, un dos nosos. Pero el Obra y Santiago también dejaron huella en él. Y ahora Maximilian Kleber (Würzburg, Alemania; 1992) debuta en la NBA con los Dallas Mavericks: un sueño cumplido. “Desde que empecé a jugar al baloncesto veía la NBA y cuando eres un niño sueñas con estar ahí algún día. Ha sido un largo trayecto hasta llegar aquí y tener esta oportunidad es increíble. Aún me despierto cada mañana y pienso: ¡Estoy en la NBA de verdad!”, relata desde Estados Unidos.

Ya hace años que empezó a llamar la atención de los ojeadores internacionales, pero en su carrera hay un punto de inflexión: el Obra fue su primer club lejos de su Würzburg natal, donde se formó, y casi desprende morriña al rememorar aquel curso 2014/15 que lo llevó al Bayern Múnich y, dos años después, a Dallas. “Aquella temporada me ayudo muchísimo. Era la primera vez que estaba lejos de casa, y aunque el club me ayudaba un montón tuve que aprender a manejarme solo”, recuerda. “Creo que jugamos bien. Aprendí mucho más sobre el baloncesto, sobre mover el balón, sobre elegir la mejor opción en ataque y también aprendí distintos estilos defensivos. Moncho siempre quería tener más de una vía para jugar y tiene sentido, especialmente en la ACB donde hay tanto talento, pero también tantos tipos distintos de jugadores”, explica.

En el verano de 2015 Maxi regresó a Alemania, pero no abandonó el obradoirismo: sigue a su exequipo y ha visto varios encuentros cuando ha podido. “Este año no será fácil por la diferencia horaria, pero los resultados y los resúmenes los veré seguro... y espero que también algunos partidos”, admite. “Además quiero ver cómo lo hacen Pepe [Pozas] y Alberto [Corbacho]”, añade. Y es que son los dos compañeros que siguen formando parte del Obra. Kleber mantiene el contacto con varios de ellos y también con el cuerpo técnico.

“Los echo de menos: a los compañeros, los técnicos, la gente de la oficina y los aficionados. Todo el mundo nos arropaba a mí y al equipo”, asegura. “No podría pensar en un sitio mejor para disputar mi primera temporada lejos de casa, porque en Santiago todos me lo pusieron muy fácil para que me sintiese cómodo. Y como me gusta mucho la comida, extraño los bares de tapas”.

TRABAJO Y TRABAJO. El ala-pívot disfruta cada minuto. Su contrato está garantizado para la temporada de la NBA que arranca el martes, pero sabe que eso solo significa que si es cortado cobraría todo lo estipulado, y sus Mavs todavía deben prescindir de varios jugadores antes del inicio oficial. Él se centra “en trabajar duro”, y ya durante la pretemporada ha demostrado que puede aportar, con casi once minutos de media en los tres partidos que había disputado al cierre de esta edición.

“Mi objetivo para esta temporada es acostumbrarme a todo. El estilo de juego es un poquito diferente, los jugadores son más atléticos. Supongo que quiero adaptarme pero también conseguir minutos. Para que eso suceda tengo que trabajar duro y estar preparado en todo momento”, explica. Porque Kleber cree que en la franquicia de Texas esperan ante todo profesionalidad y compañerismo. “Lo más importante es que puedo ayudar al equipo dentro de la pista y debo encontrar una forma de hacerlo. Y creo que eso lo consigues si trabajas lo suficiente”, considera.

Por si fuese poco, al gran sueño cumplido de ser parte de la NBA se le añade que Maxi jugará al lado de otro ala-pívot de Würzburg, una ciudad de unos 125.000 habitantes, que se llama Dirk Nowitzki. Un ídolo para Kleber, que al llegar al Obra eligió el dorsal 14 porque era el que utilizaba Nowitzki en la selección, aunque no pudo lucirlo en Dallas. Se hizo famoso con el 41 y ahora Maxi porta... el 42: “Cuando tenía doce años mis amigos, mis hermanos y yo esperamos una hora fuera de un pabellón para sacarnos una foto con él, porque estaba dentro entrenando. Y ahora estoy en la misma cancha que él... Es algo simplemente increíble”. Porque a veces los sueños se hacen realidad.